
LA VOZ QUE NO SE
APAGA.
Hace un año que la voz de Agustín
Tamargo dejó de vibrar como era costumbre para muchos de nosotros. Y digo
costumbre porque a veces como las voces de nuestros padres no la escuchamos,
al dejar de oírse, sentimos que un campanario ha quedado silente. Sin
embargo, atronadores sonidos reverberan en nuestro pecho y sentimos el
clamor de esa voz que ante todo se alzó por la justicia y la libertad.
Voz que el tiempo, la enfermedad y
los enemigos de la verdad quisieron callar y que llevó a Tamargo a vivir mas
tiempo en el exilio que en su adorada Cuba; sin embargo, hoy se escucha mas
que nunca. Las arrugas de su piel eran el símbolo de lo fresco de sus
escritos y comentarios. El tiempo, que a otros condena al olvido y al
fracaso, a él lo hacían nacer cada día mas joven y mas cubano, pues quizás
la distancia y la nostalgia, así como el deseo de volver y su rebeldía,
hacían que su trabajo fuera mas profundo y humano.
Hace un año que partió a juntarse con
los grandes del mundo. Está con los que haciendo bien engrandecieron la
inteligencia humana y enseñaron que cada hombre tiene el sagrado derecho de
pensar por sí mismo y no permitir que otros lo hagan por él. Su gran mensaje
libertario vive en todo el que supo ver en su obra la sabiduría del guajiro,
la claridad del intelectual sin ataduras y el sentimiento de un pueblo
errante en la diáspora y sufrido en intramuros.
Que Dios permita que nunca se olvide
a este gran hombre que probó que el tesón, la educación y el patriotismo son
las llaves de la inmortalidad.
Ing. Dionisio de la Torre, Jr.
Miami
Marzo
7, 2008.
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