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La Penosa Disyuntiva de la Nación Cubana.
Por: Prof. José
Arias.
Según se sabe miles de páginas han sido escritas para tratar de explicar una
situación entre tendencias que se mueven desde posiciones justificativas
a
severas críticas relacionadas con la revolución cubana. Pareciera que el
tema, además de sugestivoy
relevante,
es
hoy también histórico. No puede ser de otra manera si tenemos en cuenta la
media centuria de permanencia en el gobierno de los autores directos de éste
conflicto que sin mucho pudor se autoproclaman como los ejecutores del
paroxismo de la heroicidad patriótica entre las ruinas de la debacle aupada
por ellos mismos.
La media centuria de desgobierno se equipara ya cronológicamente con la vida
de la República -52 años-
tan
maltratada en las referencias que a ese período se hacen como parte del
libreto marxista-totalitario y que sus actuales detractores consideran como
el interregno de la corrupción, el compadrazgo político y el consabido
intervencionismo del "imperialismo yanqui" en los asuntos que afectaban a la
población cubana.
Casí ha sido necesario, amén
de la tergiversación de los hechos,
borrar de un plumazo todo lo que pueda argumentarse sobre el período
inmediatamente anterior al triunfo revolucionario de 1959 para de esa manera
crear las condiciones de una malintencionada versión de la historia hasta
hoy vigente.
Mi principal objetivo no es hacer una incursión en todos los argumentos que
sólidamente pudieran esgrimirse para desvirtuar el despropósito de los
"revolucionarios",
sino mas bien hilvanar algunos hechos que demuestran las razones de la
hecatombe de la nación cubana. Cuba hoy es la evidencia irrefutable de un
país en pleno proceso de involución, aún si para decirlo se tomaran en
cuenta los presupuestos que, al menos en teoría, el propio gobierno actual
esgrimió con bombos y platillos en medio de la orgía demagógica y populista
que caracteriza a las revoluciones bajo cualquier signo político,
ésta por añadidura "adornada" con los sustetrfugios de una ideología
totalitaria y marxista-leninista.
Originalmente engarzado en los avatares de la postguerra y la guerra fría,
el proceso cubano hizo crecer y cambiar la influencia soviética en el mundo
occidental; la correlación de fuerzas entre las dos potencias que
polarizaron al mundo en esos años se vio "equilibrada" a través de la
entrega de Cuba como país a los intereses soviéticos y el Kremlin, ni tardo
ni perezozo se dio a la tarea de hacer de Cuba una gran base cerca del
territorio norteamericano. Otra vez, como sigue siendo hasta hoy, la
geopolítica ha sido y es un factor de peso en la situación de la mayor de
las
Antillas.
Vino despues un tiempo de "victorias" proclamadas a contrapelo del deterioro
paulatino del país y sus estructuras, algo que lógicamente no podía ser de
otra manera bajo la imperatividad de una sociedad basada en el totalitarismo
que sin excepción conculca absolutamente los derechos de los ciudadanos en
todos los órdenes de la vida (propiedad, iniciativa individual, libertad de
expresión, derecho de reunión, de movilidad, práctica religiosa, derecho a
la educación basada en los intereses personales y familiares, etc.). Sobre
el anterior entarimado se montó la escenografía de lo que vino después y
prevalece hasta hoy.
Subdesarrollo en lo económico -penitente militancia dentro de lo que los
propios marxistas denominan tercer mundo- junto a un comunismo en su
versión tropical y ortodoxa en el plano ideológico, constituyeron la mezcla
más explosiva para destruir al país y nadie que se precie de exponer un
análisis medianamente serio de lo que hoy Cuba representa, sería capaz de
defender hipótesis más afiliadas a un esbozo de las carpenterianas versiones
de lo "real maravilloso" tan magistralemente recreadas en la novelística del
afrancesado escritor cubano-galo Alejo Carpentier. De seguro el
totalitarismo no puede excluir la mentira como un permanente argumento de su
torcida realidad, sin que ello implique un ápice de maravillas, más allá de
la que viven y disfrutan sus gestores.
Penoso resulta para los cubanos que no vivimos bajo la férula y la
influencia de estos elementos y argumentos,
reconocer que en este nuevo siglo, ante nuevos problemas por resolver y
nuevas circunstancias que habrán de influenciar el derrotero del planeta,
nuestro país permanezca anclado en el pasado y sus representantes de una
mediocridad e ignorancia supinas, usando argumentos de insolencia
tercermundista e irreverentes consignas desgastadas y sobreseídas por la
historia, aún traten de confundir a sus interlocutores que de por más y sin
mucho para defenderse,
corren el riesgo de malgastar su existencia hablando de un futuro que, sin
dudas, será peor que su inmediato pasado; lo cual ya de por sí es bastante
trágico. El tiempo no es precisamente la magnitud más importante para Cuba y
los cubanos y vivir de espaldas a esa realidad o tratar de justificarla o
pretender ignorarla escapándonos de ella nos plantea a todos una opción muy
peligrosa: la paulatina pérdida de nuestra nacionalidad.
Prof.
José A. Arias
Noviembre 12, 2008.
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