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La Crisis de las Expectativas. 
Por
: Prof José Arias.

No es difícil comprender que en un sistema cerrado como el predominante en Cuba cualquier imponderable, aunque a mediano o largo plazo hubiese sido previsible, crea la posibilidad de que se desate la incertidumbre colectiva que además no es factible paliar con la toma de medidas administrativas de efecto limitado. La primera gran interrogante se genera con la enfermedad de Fidel Castro y su larga convalecencia, que por razones obvias no se encaró como la lógica debió predeterminar y que aún en las actuales circunstancias la población es incapaz de precisar el verdadero desempeño de Fidel, convertido por su hermano en el gran consejero. 

En el paréntesis abierto entre junio del 2006 y el 24 de febrero del 2008 se produjo otra gran expectativa de trascendencia nacional e internacional. Nadie podía colegir qué pasaría con la dirección del país y hasta que punto serían relativas las alternativas puestas en práctica. Era seguro que no se producirían  dudas sobre el primer sustituto de Fidel, su hermano Raúl, por él designado históricamente; pero otra cosa era saber como habría de quedar integrada la dirigencia del país. Para arribar a una definición hubo que esperar cerca de año y medio, lapso a lo largo del cual la crisis cubana se siguió llenando de  interrogantes y consecuentes especulaciones. 

Dilucidado el tema de las designaciones permanentes para el nuevo Consejo de Estado sobrevino la frustración de la opinión pública imposible de evitar cuando se conocieron los personajes, viejos cancerberos de la política ortodoxa del Partido Comunista e incondicionales colaboradores de los Castro. Fue posible entonces vaticinar como ejercerá Raúl Castro el poder: la inercia política combinada con cierto eclecticismo económico. De este modo ni se conjuran las expectativas ni se pueden resolver los problemas. 

Pero los círculos del poder en Cuba, aunque verticalmente estructurados desde el punto de vista político, han creado un efecto radial capaz de conformar niveles participativos de influencia en lo económico y lo social; individuos de formación intelectual mucho más sólida que la escasamente poseída por los ‘dirigentes’ en la cúpula, y cuyo nivel de comprensión de las circunstancias está naturalmente vinculado a la lógica del tecnicismo. Estos elementos que muchos esperaban ver en posiciones de mando y control efectivo volvieron a quedar en el ámbito de la obediencia partidista existente desde siempre y, aunque su frustración tenga otros orígenes, constituye también otro argumento de expectativas sin solución. 

Con la negativa influencia de los factores anteriores vigente se manifiesta la pueril demanda popular relacionada con los cambios que reclaman los de a pié  y cuyo potencialmente radical y empírico análisis se resume en más consumo –a lo que el gobierno alude como ‘vicio del consumismo’-, más salarios y un más alto nivel de vida, no comparable con las experiencias del funesto ‘periodo especial’ sino mas bien relacionadas con el despegue capaz de ser generado por una economía más saludable. Eso no es posible mientras no se cambien las estructuras de poder existentes y las que estén por  venir, sean capaces de liberar las fuerzas productivas en aras de hacer triunfar la iniciativa económica a nivel personal que el fanatismo de la ortodoxia política prevaleciente mantiene reprimidas. 

Pero la solución propuesta a las expectativas de la población se conduce  nuevamente por el camino de la equivocación: el "pollo" de nuestro arroz con pollo

(Sic), -escribe uno de los voceros gubernamentales- se reduce a una ecuación matemática; no es posible esperar a que se resuelvan más necesidades, si no se trabaja más’. (Ver nota). De nuevo la propuesta sobreviene con el reclamo de mayores esfuerzos en el ámbito productivo que para la exhausta población  del país es agua que corre bajo el puente. Aquí se manifiesta en toda su estrepitosa crudeza la realidad de un sistema político fracasado, sin alternativas de creatividad y efecto inmediato como sucedió con el socialismo marxista, aún en países donde la tradición cultural, los recursos naturales existentes y los elementos superestructurales eran mayores y más variados que en Cuba. 

Ante una problemática de semejante magnitud un gobierno literalmente incapaz y anquilosado, que desconfía de los que pueden argumentar de forma más certera y cree que puede aminorar los efectos de la crisis anunciando ventas de bienes materiales por demás limitados y a precios de una ineludible inflación; poco podrá hacer para dar solución a las crecientes expectativas. Considero que la respuesta mas cabal la da el propio funcionario antes aludido: ‘…desgraciadamente hay un segmento no despreciable en nuestra sociedad que no tiene en el centro de sus inquietudes la mentalidad de productores, quieren vivir sin trabajar y consideran que meroliqueando (Sic.) lo van a tener todo a cuenta de los demás’. Ese sector no despreciable de la población al que se refiere el funcionario en cuestión, es el resultado de una acción de pasado equivocado, presente inviable y futuro inexistente. A corto plazo sólo es posible concluir que una buena cantidad de expectativas sin solución no producirán otro efecto que una agudización de la crisis cubana. 

Nota.-Ver el artículo publicado en Granma (órgano de prensa del Partido Comunista cubano), bajo el título: ‘Sería Imperdonable que Hipotecáramos el Futuro’, con la firma de Lázaro Barredo Medina.

Prof. José A. Arias

Marzo 16, 2008.

 

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