
A PROPÓSITO DE
DERECHOS HUMANOS
Artículo.-
Prof. José A. Arias.
En épocas anteriores al llamado proceso de globalización, en
el que mucho tiene que ver la revolución de las comunicaciones, era muy
dable insistir en un concepto que hoy nos parece algo lejano: el llamado
equilibrio de la correlación de fuerzas entre bloques políticos de diferente
signo. La persistente influencia de la querella Estados Unidos versus Unión
Soviética, determinaba el curso del Mundo lacerado por el resultado más
inmediato y concreto de la Segunda Guerra Mundial: la Guerra Fría.
Con el advenimiento de los años 80 durante el siglo pasado
sobrevino el comienzo del gran cambio que habría de producirse. Las fisuras
en el bloque soviético se fueron agrandando y terminaron con la propia
existencia de la URSS, nación fundada por decreto y desde sus mismos
orígenes preñada de contradicciones manifiestas en todos los órdenes y que
no fue otra cosa que un gigante con pies de barro.
Los procesos históricos, no obstante, suelen ser
convalecencias de larga duración y el apogeo del socialismo marxista no fue
una excepción en este sentido. Lenin hizo sus “aportaciones” y trató de
adecuar las ideas de Marx mediante su teoría “del eslabón más débil de la
cadena imperialista”; teorizó al respecto y sin dudas, se equivocó. Como
prometió, la soga que según afirmaba, propiciarían los propios capitalistas
para ser ahorcados por los rebeldes proletarios, se convirtió mas bien en la
mención de la soga en casa del ahorcado, y del mismo modo serían
inverosímiles un montón de citas que los actuales teorizantes repiten,
citando una bibliografía que hoy más que nunca debería ser considerada de
consulta.
Lo que me asusta de todo esto es que el nivel de
desinformación prevaleciente en algunos lugares permita creer a algunos en
las fatales ideas del socialismo marxista y totalitario que como ideología
le sirva de escenografía a la represión del pensamiento y el totalitarismo.
Habría que comenzar por explicar lo pernicioso de la ideología como término
y conceptualizar los resultados en los escenarios donde su efecto
desbastador a convertido en polvo los sueños y anhelos de generaciones
pasadas y en algunos casos aún por venir. Parece trágico afirmarlo, pero no
tengo dudas de que es así.
Para mí la importancia de una gran campaña en pos de la
consecución de los derechos humanos amén de las latitudes y las fronteras,
estriba precisamente en que ha sido desde sus orígenes la mejor y más firme,
además de articulada respuesta de la humanidad a la barbarie y la ignominia.
Excepción hecha de circunstancias históricas como el fenómeno del
colonialismo que no es justificable bajo ninguna condición y que hoy es agua
que corre bajo el puente, los abanderados de esta monumental tarea han
logrado crear un argumento solucionador. Detractores en disposición de echar
leña al fuego siempre van a existir pero todo lo que puedan aludir a
contrapelo de las evidencias históricas siempre va a ser conceptualmente
inadmisible.
Es por todo lo anterior que no nos corresponde a nosotros
argumentar sobre el valor de nuestras ideas en defensa de los derechos de
cualquier ser humano; son los enemigos del humanismo como filosofía y los
defensores a ultranza de las ideologías los que dan la respuesta más precisa
de su incapacidad para creer en la libertad genéricamente vista y
específicamente planteada en cada aspecto de la vida de los seres humanos.
La contraparte permanente de esa libertad es la represión y el desprecio
por todo lo que no se adecue a las necesidades del empirismo totalitario.
Véase, a manera de clara referencia, el caso cubano donde
muy a contrapelo de lo ocurrido en el resto del Planeta se vive de espaldas
a la realidad a la vez que se trata de crear la apariencia de una sistémica
solidez ideológica inexistente y fatal .Podrán argumentar los nuevos
teóricos de vacía mochila intelectual lo que les venga en gana. El papel lo
aguanta todo y citas potenciales podrán ser sacadas de su natural contexto,
para poner en boca de personajes convenientes lo que se quiera afirmar; pero
el colofón nos lo da la represión y su secuela de horrores que siempre
terminan tratando de encerrar la luz de las ideas en la oscuridad de una
mazmorra.
José A. Arias
12-09-08.
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