
Ahora.
Por: Ing. Dionisio de la
Torre,Jr.
Ahora que se hunde lo hundido, ahora a gritos desesperados y
culpando a las propias víctimas de todo y cada uno de los fracasos cometidos
a lo largo de más de 50 años de fatídica revolución, con terror al ver que
la historia ha probado una vez más que el comunismo o cualquier cosa que se
le parezca no funciona ni económica ni democráticamente, que solo convierte
al hombre en un esclavo del estado, sale gritando el segundo de todo
pidiendo que se reencamine la política y la función del partido comunista.
La verdad es simple, están ganando tiempo, están jugando a
ver qué pasa en los próximos dos años y si surge una posibilidad de salvar
al sistema con ellos a la cabeza, esa es la única verdad y no podemos pensar
otra cosa, pues de permitirlo seriamos cómplices de este juego contra reloj.
La única solución digna y posible es sentir el mismo llamado
que José Martí le hiso al Generalísimo Máximo Gómez, aquí esta ese llamado
a ver si tu respondes igual.
Se cuenta que el apóstol decidió visitar a Gómez en los
predios de su hogar y cuando se acercaba por el camino, lo encontró, azadón
en mano; tomando descanso de los inclementes avatares del sol del Caribe. No
más al verlo Gómez, quien estaba consciente de los propósitos de Martí, le
espetó:
- Sí Martí, ya sé lo que vienes a pedirme
Martí de inmediato le respondió:
- No Gómez, esta vez no vengo a pedirte, vengo a ofrecerte
tres cosas...
Gómez, confundido, esperaba una explicación; mientras Martí
continúo:
- la primera que abandones nuevamente tú hogar y tú familia,
la segunda que aceptes por méritos más que merecidos, la jefatura de nuestro
Ejército, para que quizás, y en recompensa, recibas nuevamente en pago la
ingratitud de los cubanos... (Evidentemente esto último era el tercer
ofrecimiento).
Cuentan los testigos de esta escena, que Gómez entonces
soltó el azadón y sin mediar palabras se abrazó a Martí para sellar así su
compromiso con Cuba y los cubanos, que representados por aquel hombre
inmenso, dejó al General sin argumentos impidiéndole posibles evasivas y que
con sus palabras, le pavimentó de regreso el camino al final de la gloria
que fueron su vida y su entrega a Cuba.
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