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Síntomas de ingobernabilidad.
Jose Alberto
Alvarez Bravo
Dos circunstancias fundamentales impiden a los jóvenes percibir con
objetividad el entorno socio-político en que viven: la inexperiencia
vivencial, y la superficialidad inherente a la inmadurez. En cambio, los
mayores contamos con un bagaje de hechos y situaciones que nos permite
establecer estados comparativos entre el “antes” y el “ahora”.
Estos conceptos son en extremo relativos, pues el “antes” de un joven es el
ayer reciente de una persona mayor.
Mi propio “antes” se inicia con la instauración del régimen autocrático de
Fidel Castro. Por consiguiente, mis recuerdos de adolescencia se vinculan al
periodo de mayor auge del “fervor revolucionario”.
Recorrer La Habana de noche era encontrarse con miles de ciudadanos
cumpliendo con la guardia cederista. El trabajo voluntario formaba parte de
una práctica cimentada en la necesidad de acumular méritos laborales para
optar por la adquisición de los cachivaches provenientes de la desaparecida
URSS. Los actos multitudinarios congregaban –bajo presión, naturalmente- a
decenas de miles de cubanos. En las paradas de ómnibus se organizaban,
espontáneamente, colas para accederlos ordenadamente. El respeto mutuo en el
trato social era evidente.
Era una mezcla positiva entre los “nuevos” valores y la educación “de
antes”.
Media vuelta a la rueda de los siglos ha parido una situación totalmente
diferente. Apenas algunos ciudadanos respetan al menos apto para imponer su
espacio vital en los siempre abarrotados ómnibus urbanos. Recorrer de
madrugada toda La Habana para encontrar una guardia cederista es el camino
seguro al fracaso. El régimen ha desechado los actos comparseros para no
evidenciar su creciente impopularidad. Las palabras “trabajo voluntario”
convierten en sospechoso de desequilibrio mental a quien ose pronunciarlas.
La agresión emocional y el vituperio verbal nacen desde el primer
intercambio de miradas.
Lupa en mano, no sería difícil encontrar un sinnúmero de ejemplos de la ya
ostensible ingobernabilidad de la nación cubana. Sin embargo, un fenómeno
bastante reciente pudiera ser la más clara y cotidiana evidencia del
inminente colapso del control gubernativo sobre la sociedad cubana: la
inusitada presencia en las calles de grupos de adolescentes reclutados por
el Ministerio del Interior. Recordar la referencia de Orwell a los cachorros
en Rebelión en la Granja –censurada en Cuba- puede ayudar a interpretar
estos sintomáticos indicios.
Constatar la intrincada red de pequeños indicios del desmoronamiento del
statu quo, alienta y estimula a quienes soñamos con ver el fin de la
dictadura más cruel y longeva que haya padecido pueblo alguno en el
hemisferio occidental.
Si así no sucediera, nos consuela pensar que ya la autocracia castrista
perdió para siempre su antigua lozanía. Como bien dijera Fidel en La
Historia me Absolverá, “los pueblos se cansan”. Medio siglo de ejercicio
inconsulto y arbitrario del poder, nos ha agotado la paciencia nacional. El
despotismo criollo, por extemporáneo, debiera ir redactando ya su propio
epitafio.
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