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Lo
nuevo, lo mismo y lo diferente.
Por. Prof. José A
Arias.-
Octubre
28, 2009.
Como una andanada realmente sorprendente, comienzan a llegar informaciones
sobre las ingentes y novedosas polémicas que entre amigos se establecen
dentro de Cuba. Siempre hay un denominador común; el punto de partida es una
crítica honesta y constructiva que se hace desde posiciones revolucionarias.
Esto me recuerda el epitafio castrista espetado por el comandante en la
clausura de aquel llamado congreso de educación y cultura en que se sepultó
la posibilidad más remota de una crítica real bajo la frase:”dentro de la
revolución todo, fuera de la revolución nada”.
Los periodistas revolucionarios, gentiles burócratas de tiempos y togas
superadas por la historia y de lo cual parecen no haberse enterado, insisten
en hallar senderos de entendimiento que puedan catapultar a planos estelares
las viejas y amañadas consignas revolucionarias, algunos se enfrascan en
discusiones académicas que también recuerdan los heroicos tiempos de las
ententes internacionalistas patrocinadas por la URSS y el bloque comunista
del este. A pesar de todo nuestros colegas, mejor que nadie, saben los
destinos que tuvieron la revista Pensamiento Crítico, el Caimán Barbudo y
mucho más recientemente el CELA –esto se lo pueden preguntar a algunos de
sus ex integrantes que hoy están entre nosotros- cuando las inspiraciones
neo marxistas de Max Webber o los afanes solidarios de Sartre y la Bouvier
se dejaron escuchar en Cuba con la incauta anuencia del comandante.
Vamos a dejarnos de cuento y vayamos al grano. Las discusiones académicas en
Cuba en lo tocante a temas que puedan afectar el desenvolvimiento de la vida
política, y que allí no es tal, no son otra cosa que un ejercicio en el
vacío, siempre y cuando estén patrocinadas y se desenvuelvan entre personas
que se identifican con la revolución. Si se acepta que la Revolución es
Fidel, porque ese fenómeno así denominado es de su autoría plena en el caso
cubano y debe resultar inalterable en tanto es un modelo avalado por la
perfección de su creador; ninguna crítica desde adentro hecha por alguien
que se autodenomine como revolucionario es válida. Se trata de una
conclusión lógica y ajena a todo afán nihilista en el plano filosófico.
Hasta aquí queda referido lo mismo; toca ahora referirnos a lo nuevo. El
cambio de mentalidad y su proyección paulatina, tiene mucho de generacional
y aunque los infaustos jerarcas encaramados sobre una historia que no les
pertenece del todo, se empeñan en secuestrar también el futuro, el relevo
generacional se encarga de encontrar su nicho en esa misma historia. Los
avatares tecnológicos se ponen de su parte, la tecnología y la edad no
suelen ir de la mano y al viejo estilo, siempre fallido además, no le es
grato saber que hoy es posible romper las barreras de la incomunicación. Ese
fenómeno de los blogs que permite la libre expresión, los sitios sociales de
la internet, la velocidad de traslación de la información que mediante una
imagen –que continúa valiendo más que mil palabras- convalida la sensatez de
lo que se dice a hurtadillas y reduce la savia tremendista de las consignas,
pone en vilo la validez de cualquier reflexión que solo produce dudas porque
se ancla en el pasado que ha provocado la catástrofe de hoy.
Lo nuevo es interesante porque es, a mi manera de ver, el futuro que no
podrán evitar quienes ahora solo se entretienen en combatir, sin mucho éxito
además, las rémoras de la biología, porque nadie es eterno y menos las
ideas, cuya validez cacareada no ha podido ser reconocida a través de la
praxis de los neo marxistas cuya voluminosa obra no condujo a ninguna parte.
Sin dudas lo diferente es lo que viene en camino: mientras no se establezca
la comunicación con los implicados en el temático socio-política, no habrá
nada nuevo que decir. Lo que se diga y se haga de ahora en adelante, tiene
que convertirse en colorario para nuevas tesis; el pasado no es el
capitalismo fustigado sino mas bien el socialismo fracasado. Habrá entonces
que hablar con los autores y protagonistas de la historia en su propio
lenguaje, porque hablar para los dioses nunca es de verdaderos sabios.
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