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La
Revolución de los mitos.
Prof. José
A.. Arias.
Febrero
9, 2009.
Recuerdo que hace algunos años hablaba con un amigo sobre los
problemas que le tocaría enfrentar a los jerarcas de la nomenclatura
castrista cuando su líder fuera haciendo mutis. Aun era impredecible lo que
hace ya más de un ano está ocurriendo con la enfermedad de Fidel; sin
embargo mis palabras fueron relativas a la explosiva y convulsa situación
que producen la vinculación de la senectud con el poder. Esto es ni más ni
menos, lo que está sucediendo.
En la esencia de la mentalidad caudillista siempre subyace la
última clave para el ejercicio del poder y el acceso a ella supervive en la
misma vida del caudillo. Luego, la prestancia del tirano de aluengas barbas
y enormes testículos que crecen incontroladamente a lo largo de los siglos
para cubrirse de una gigantesca telaraña mientras recorre en andas de sus
súbditos las calles de su predio entre estereotipados vítores de la turba
que azuza; no es solo una imagen que el "Gabo" recrea para placer de sus
lectores, es también una realidad que en el presente cubano no se hace ya
llevadera o aceptable. El cuento como tal es aceptable, como realidad ya no
es maravillosa sino más bien amarga y desesperanzadora. El patriarca ha
entrado en el Otoño y su hermano el General, no tiene quien le escriba.
Veamos; la gente que hoy detenta el poder en Cuba es la misma
que hace cincuenta años lo tomo por asalto, irrespetando lo que la propia
tiranía existente mal que bien, había tratado de preservar. En aquel momento
todo sonaba a cantos de sirena y para muchos estos individuos representaban
una promesa revestida de un elemento generacional que históricamente siempre
es importante, capaz de producir identidad entre gobernantes y gobernados.
Revolución, sigue afirmando aun el anciano caudillo," es el fenómeno capaz
de cambiar todo lo que sea necesario cambiar". Pero en la realidad ha
resultado que los únicos cambios producidos en Cuba en medio siglo no han
movido la sociedad a la par de los tiempos, la han estancado en el
inmovilismo ideológico, tan perjudicial, que por una razón nuevamente
generacional no es compatible ni con las necesidades, los deseos y lo que
aun es más grave: la forma de pensar del cubano de hoy.
Con la precipitación de los acontecimientos tras el retiro de
Fidel Castro y la sucesión de su hermano, el uso de la palabra "cambio" se
ha convertido en una moda de la que hasta los órganos de difusión en el
país se han hecho eco. Desde luego, la interpretación de esos cambios tiene
muchos gradientes que recorren una escala tan disímil que va desde los que
alegan que los cambios deben conducir al fortalecimiento del socialismo,
pasando por los que sin mencionarlo saben que el socialismo es cosa del
pasado o los que quisieran, sin poderlo expresar aun, abiertamente, que se
produjera "...una luz cegadora o un disparo de nieve" que lo borrara todo de
una vez y para siempre; y, después veremos...
Si a todo lo anterior sumamos la negativa herencia que el
propio Fidel Castro deja a sus seguidores; basada en la egolatría personal,
la autosuficiencia, el despotismo y el nepotismo, males que solo son
soportables por gente de mollera muy rígida y espinazo muy dúctil; tendremos
ante nosotros un retrato perfecto de quienes hoy pretenden gobernar al
pueblo de Cuba, turbado por cuestionamientos sin respuesta, que
evidentemente quienes gozan de los intereses creados a lo largo de media
centuria no pueden ni quieren responder. No digamos quienes carecen de
meollo intelectual, que son los más, sino las rutilantes estrellas de el
"staff" castrista como Alarcón o Abel Prieto, presidente de la Asamblea
Nacional el primero y Ministro de Cultura el segundo.
Alarcón no sabe que decir cuando se le pregunta porque hay
dos monedas en el país, o porque no pueden ser visitados por cubanos los
hoteles o los centros turísticos, porque habría que votar por "ciudadanos"
desconocidos que pudieran ser "ladrones y no buenos revolucionarios", porque
no es posible viajar libremente al extranjero; y como no tiene respuesta,
amén de la que no puede ofrecer, solo se le ocurre desbarrar acerca de
celajes congestionados, ponerse a si mismo como ejemplo de persona victima
de las rémoras del pasado pre revolucionario, y terminar mintiendo
cínicamente cuando alega que los cubanos por su apariencia, el color de su
piel o de su pelo serian discriminados en las tiendas de la Quinta Avenida
en Nueva York.
Primero que todo, esto más bien suele suceder en medio del
apartheid que el cubano de a pie padece en su propio país. Además habría que
preguntarles a los "dirigentes" cubanos, si padecen estas vicisitudes cuando
viajan al exterior o si es cierto o no que la revolución de Fidel se hizo
para acabar con las limitaciones que el propio Alarcón dice haber padecido.
Alega también Alarcón, que no tiene información sobre
cuestiones relacionadas con economía, por lo cual "no tiene elementos" para
responder sobre la dualidad monetaria, tampoco sabe nada de cuestiones
cibernéticas o de uso del Internet. ? Que clase de Presidente tiene la
Asamblea Nacional? ?Se trata realmente de un neófito o de un cínico? Creo
que sus interlocutores saben muy bien la respuesta y eso es importante;
poder identificar a cada cual como lo que es en medio de cualquier
circunstancia. El Ministro Prieto, interpelado sobre las deserciones de
figuras de la farándula y la cultura, le resta importancia a las mismas
alegando que "para la cultura del país, con excepción de algunos miembros
del Ballet Nacional, el resto de las deserciones son intrascendentes. Sin
embargo, no parece pensar igual el conocido músico Juan Formel cuando dijo
que "al paso que vamos nos quedaremos sin intérpretes de nuestra música".
Muy cierto parece ser aquello de que lo que se dice no es lo que se piensa y
actuar de ese modo es la forma más segura de traicionarse a sí mismo. Si
estos voceros son las eminencias grises de la galería revolucionaria; ?que
queda para los otros que con el enfermo Fidel en sus mentes, viven aterrados
y permanentemente víctimas de la sinrazón?
Hay en efecto, una ventana abierta tras muchos años de cerrazón, pienso que
las bisagras que la sostienen están tan errumbrientas que ya no es posible
volverla a cerrar. Es por ese umbral de luz que puede hacerse realidad el
futuro de Cuba, que nada tiene que ver con las fantásticas y pueriles
versiones de los cancerberos del pasado.
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