
LA INSÓLITA REALIDAD
DE UN FANTASMA.
Por:
Prof. Jose A. Arias.
Miami
Agosto 16, 2010.
Varias veces
han venido a mi mente las imágenes recreadas por García Márquez en “El Otoño
del Patriarca” al describir al personaje protagónico paseado en andas por
sus acólitos entre una multitud cansada y ebria, alabadora y sempiterna,
paciente y frustrada; exhibiendo enormes telarañas que crecen entre sus
genitales no menos agigantados por el ejercicio del poder a lo largo de un
tiempo que no pasa.
Habría que
pensar en establecer cierto hito de contacto entre fantasía y realidad y lo
literariamente tramitado por “El Gabo”con lo acontecido en una Isla,
realmente maravillosa, en la que un personaje aún da visos de incredulidad
al ejercicio de una tiranía.
Ahora todos
opinan –yo entre ellos- sobre lo frustrante que resulta la connivencia entre
los factores que conforman la anatomía del patriarca que nos ha tocado. La
visión de su desconflautada humanidad y el sonido de su voz, apagada, pero
aún condenatoria y sentenciosa; sus ademanes airados y prepotentes, que de
no ser para imitar su ira y a la vez bendecirla resultan irreproducibles en
su entorno, así ha debido dirimirse la vida de millones de seres humanos a
través de varias generaciones.
De esa Isla,
la mayor del Caribe, no puede hablarse sin pesar y entre los que encaran sus
días vistiéndose con el ropaje de la conformidad, yace la duda. Es tanta la
diferencia entre la maravilla y la realidad, que hasta “la praxis” de los
marxistas dialécticos y benévolos pondría al desnudo los entuertos de ese
camino sin final por el que hoy, en andas y enredado entre seculares
telarañas, se mueve el fantasma convirtiendo la fábula en una cruel
realidad.
No es el odio la principal motivación. El
fantasma hará mutis algún día y ya no volverá a mostrar su impúdica
arrogancia, temo sin embargo, que nos dejará la huella de una experiencia
traumática y terrible cuyo conjuro tomará mucho tiempo en producirse tal y
como suele suceder en estos casos
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