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IDEOLOGIA Y
TOTALITARISMO
Prof. José A. Arias. Mayo
25, 2009
LA NECESIDAD DE ABORDAR EL
TEMA.
Hace ya más de tres décadas,
cuando abandoné la docencia en las aulas universitarias, el tema de la
cuestión de los mecanismos de influencia colectiva entre amplios sectores
empezó a motivarme. Muchos, un tanto a priori, hablan de “psicología de las
masas “y su influencia en el tratamiento de los problemas que se derivan de
su aplicación en el plano sociológico. Pero la cuestión no es tan sencilla,
es de raigambre secular y más allá de las simples apariencias se trata del
uso de elementos muy bien estructurados.
En nuestros países, peyorativamente llamados subdesarrollados, el problema
tiene también raíces históricas. “El término-en referencia al subdesarrollo,
n.de aut.- es equivoco: más que una descripción es un juicio. Dice, pero no
explica…es un concepto tecnocrático que desdeña los verdaderos valores de
una civilización…Es un concepto etnocentrista. Esto no significa desconocer
los problemas de nuestros países: la dependencia económica, política e
intelectual del exterior; las inicuas desigualdades sociales, la pobreza
extrema al lado de la riqueza y el despilfarro, la ausencia de libertades
públicas, la represión, el militarismo, la inestabilidad de las
instituciones, el desorden, la demagogia, las mitomanías, la elocuencia
hueca, la mentira y sus máscaras, la corrupción, el arcaísmo de las
actitudes morales, el machismo, el retardo en las ciencias y en la
tecnologías, la intolerancia en materia de opiniones, creencias y
costumbres. Los problemas son reales (pero) ¿lo son los remedios?. El más
radical después de veinticinco años –ahora ya cincuenta, n. de aut.-de
aplicación, ha dado estos resultados: los cubanos son hoy tan pobres o más
que antes y son mucho menos libres; la desigualdad no ha desaparecido: las
jerarquías son distintas pero no son menos sino más rígidas y férreas; la
represión es como el calor: continua, intensa y general; …La Revolución
cubana se ha petrificado: es una losa de piedra caída sobre el pueblo…Y lo
más grave: han sido y son incapaces de resolver el problema político central
de la sociedad: el de la sucesión, es decir, el de la legitimidad del
gobierno. Así, lejos de suprimir la inestabilidad, la cultivan.” (1)
Con la materialidad de un escenario como el anterior nos enfrentamos a la
necesidad de explicar el por qué de su vigencia en connivencia con una
aparente disgregación de carácter gnóstico. Hay, sin dudas, una estrecha
relación entre ideología y gnosticismo y a pesar de la importancia del
elemento cronológico, la influencia de esa relación forma parte del
estereotipo filosófico en el contenido, sobre todo, de la ideología
política.
EL ORIGEN DEL CONCEPTO.
La inclusión original del término data de finales del siglo XVIII -1796- por
Destutt de Tracy y se refería a la “ciencia que estudia las ideas, su
carácter, su origen y las leyes que las rigen. Medio siglo más tarde, el
concepto es dotado de un contenido combativo por Carlos Marx, para quien la
ideología es el conjunto de ideas (erróneas en su mayor parte) cuya relación
con la realidad es menos importante que su objetivo, que es evitar que los
oprimidos perciban su estado de opresión”. (2)
Es curioso, sin embargo, que el marxismo clásico y los practicantes de su
ortodoxia; comenzando por el propio Engels, principal colaborador de Marx,
produjeran una inversión más cercana al elemento sociológico y le dieran al
término la negativa impresión que hasta hoy ostenta. En carta de 14 de julio
de 1893 Engels escribió: “La ideología es un proceso que se opera por el
llamado pensador conscientemente, en efecto, pero con una conciencia falsa.
Las verdaderas fuerzas propulsoras que lo mueven, permanecen ignoradas para
él; de otro modo, no sería tal proceso ideológico. Se imaginan, pues,
fuerzas propulsoras falsas o aparentes. Como se trata de un proceso
discursivo, deduce su contenido y su forma del pensar puro, sea el suyo
propio o el de sus predecesores. Trabaja exclusivamente con material
discursivo, que acepta sin mirarlo, como creación, sin buscar otra fuente
más alejada e independiente del pensamiento; para él, esto es la evidencia
misma, puesto que para él todos los actos, en cuanto les sirva de mediador
el pensamiento, tienen también en éste su fundamento último” (3)
Para nosotros y de acuerdo a la contemporaneidad del concepto: “La ideología
es una construcción de la fantasía que funge de soporte para nuestra
realidad: una ilusión que estructura nuestras relaciones sociales efectivas,
reales, y por ello encubre un núcleo insoportable, real, imposible. La
función de la ideología no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra
realidad, sino ofrecernos la realidad social misma como una huída de algún
núcleo traumático, real…Romper con la ideología no es posible a través de la
confrontación de los idologemas con la realidad perceptible, pues lo que
caracteriza a la ideología no es plantear enunciados falsos, sino el modo
por el cual pretende invisibilizar la conflictividad generada por lo Real.
Como hemos observado anteriormente, la ideología funciona plenamente cuando
el sujeto no siente ninguna oposición entre ella y la realidad”. (4)
EL ARGUMENTO Y SUS MANIFESTACIONES HISTORICAS.
Para demostrar la validez del argumento que nos ocupa debemos expresar
que”…cada ideología es una cosmovisión que pretende despojar al hombre de su
libertad, sumergiéndolo en una mentira, convirtiéndolo en una masa que se
pretende manipular y, si triunfa, dominar. Desde ese punto de vista las
ideologías son herramientas de control social…la ideología interpreta los
actos personales y colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos
intereses sirve, y explica la realidad de una forma asumible y
tranquilizadora para que pueda mantenerse la justificación previa tal como
estaba en el imaginario individual y colectivo, independientemente de la
circunstancia real”. (5)
Atenidos a lo anterior el argumento tautológico de la ideología se convierte
en uno de los principales; así que el fachismo, el falangismo, el socialismo
y el nazismo encuentran su campo de batalla por excelencia en los marcos
históricos del pasado siglo y se desgastan entre sí demostrando que el
concepto ideológico que en cada caso les sirvió de estructura, hace también
aparecer la elusiva imagen de lo que en la antípoda es el reflejo de una
realidad diferente a la que se trató de imponer y, como contrario fuera de
cualquier esquema ideológico.
En lo personal lo más preocupante, por insensato, es la particular validez
que ha tenido el concepto en nuestros países de Hispanoamérica; manejable en
los siguientes términos:”…Nuestros intelectuales han abrazado sucesivamente
el liberalismo, el positivismo y ahora el marxismo-leninismo; sin embargo,
en casi todos ellos, sin distinción de filosofías, no es difícil advertir
ocultas pero vivas, las actitudes psicológicas y morales de los antiguos
campeones de la neoescolástica. Paradójica modernidad: las ideas son de hoy,
las actitudes de ayer. Sus Abuelos juraban en nombre de Santo Tomás, ellos
en el de Marx, pero para unos y otros la razón es un arma al servicio de la
verdad con mayúscula. La misión del intelectual es defenderla. Tienen una
idea polémica de la cultura y del pensamiento: son cruzados. Así se ha
perpetuado en nuestras tierras una tradición intelectual poco respetuosa de
la opinión ajena, que prefiere las ideas a la realidad y los sistemas
intelectuales a la crítica de los sistemas”. (6)
Para nuestro caso –el cubano- el dogma es posiblemente el componente más a
tono del pseudodiscurso ideológico:”…Ninguno de nuestros dictadores, ni los
más osados, han negado la legitimidad histórica de la democracia. El primer
régimen que se ha atrevido a proclamar una legitimidad distinta ha sido el
de Castro. El fundamento de su poder no es la voluntad de la mayoría
expresada en el voto libre y secreto sino una concepción que, a pesar de sus
pretensiones científicas, tiene cierta analogía con el Mandato del Cielo de
la antigua China. Esta concepción hecha de retazos del marxismo (del
verdadero y de los apócrifos), es el credo oficial…se repite la archisabida
fórmula: el movimiento general y ascendente de la historia encarna en una
clase, el proletariado, que lo entrega a un Partido que lo delega a un
comité que lo confía a un jefe. Ese jefe (cualquiera de los Castro) gobierna
en nombre de la historia. Como la voluntad divina, la historia es una
instancia superior inmune a las erráticas y contradictorias opiniones de las
masas. Sería inútil tratar de refutar esta concepción: no es una doctrina,
sino una creencia. Y una creencia encarnada en un partido cuya naturaleza es
doble: es una iglesia y es un ejército”. (7)
Tampoco en lo económico es diferente y aunque la ideología forme parte del
aspecto superestructural; Joseph Shumpeter el economista de origen alemán
autor de “Diez Grandes Economistas: de Marx a Keynes” anatematiza en su obra
la parte del argumento socioeconómico de “Das Kapital” relacionado con el
inmovilismo social vinculado a la teoría de la plusvalía, al que califica
como “religión” y a sus seguidores como ortodoxos partidarios de una “gran
secta”.
Hoy el dogma ideológico que se esparce por Latinoamérica debe ser
preocupante porque:”…tanto la pretensión pseudocientífica de esta concepción
es inquietante su carácter antidemocrático. No solo los actos y la política
del régimen castrista son la negación de la democracia: también lo son de
los principios mismos en que se funda. En este sentido la dictadura
burocrática cubana es una verdadera novedad histórica en nuestro continente:
con ella comienza, no el socialismo sino una “legitimidad revolucionaria”
que se propone desplazar a la legitimidad histórica de la democracia. Así se
ha roto la tradición que fundó a la América Latina”. (8)
LA IDEOLOGIA Y SU PERNICIOSO DESEMPEÑO SOCIAL.
No es casual que hoy veamos la proliferación del efecto ideológico debido a
que:”…la organización y la disciplina de los partidos comunistas impresionan
casi siempre al aprendiz de revolucionario: son cuerpos que combinan dos
formas de asociación de probada cohesión interna y capacidad proselitista y
combativa: el ejército y la orden religiosa. En uno y otra la ideología une
a las voluntades y justifica la división del trabajo y las distintas
jerarquías. Ambos son escuelas de acción y obediencia. El partido es,
además, la personificación colectiva de la ideología…ella nos aligera de
escrúpulos, pues introduce en las relaciones políticas, por naturaleza
relativas, un absoluto en cuyo nombre todo, o casi todo, está permitido…las
ideas tienen una función de máscaras; así se convierten en ideología, en el
sentido negativo de esta palabra, es decir, en velos que interceptan y
desfiguran la percepción de la realidad. La ideología convierte a las ideas
en máscaras: ocultan al sujeto y, al mismo tiempo, no lo dejan ver la
realidad. Engañan a los otros y nos engañan a nosotros mismos”. (9)
La no existencia de una alternativa viable que la ignorancia secular ha
negado a los pueblos trae como resultado visible e inmediato el ofrecimiento
de la panacea populista en elemental y aparentemente expedita versión de
quienes se arman con el dogma ideológico para: “…alentar el cambio de las
estructuras económicas y sociales desmantelando al mismo tiempo las
estructuras democráticas, (a contrapelo) lo único que se ha conseguido es
fortificar la injusticia, la opresión y la desigualdad. La causa de los
obreros requiere, ante todo, libertad de asociación y derecho de huelga:
esto es lo primero que le arrebatan sus liberadores. Sin democracia los
cambios son contraproducentes; mejor dicho: no son cambios. En esto la
intransigencia es de rigor y hay que repetirlo: los cambios son inseparables
de la democracia. Defenderla es defender la posibilidad del cambio; una vez
más, solo los cambios podrán fortalecer a la democracia y lograr que al fin
encarne en la vida social”(10)
CONCLUSIONES.
1.-La ideología ve el mundo como algo estático. Es por ello que cualquier
ideología se ve a sí misma como la depositaria de las ideas que pueden
resolver cualquier problema de la sociedad, ya sea presente o futuro.
2.-El aspecto anterior, convierte a la ideología en un dogma, pues se cierra
a las ideas de los demás como posible fuente de soluciones a los problemas
que se plantean en el día a día, siendo ella la explicación total y última.
3.-En casos extremos, puede llevar a negar la posibilidad de disentir, dando
por verdad irrefutable sus postulados. Aquí está presente el argumento
tautológico en la ideología.
4.-Llegado al caso de considerar la ideología como verdad irrefutable, se
abre el camino al totalitarismo.
5.-En el contexto ideológico cualquiera que disienta pasa a ser un problema
para la sociedad, o el grupo, pues va contra la verdad dogmática que
proclama la ideología. Tal es el gravísimo problema que se les plantea a los
disidentes, las facciones y a las sectas en las sociedades ideologizadas.
NOTAS Y CITAS BIBLIOGRAFICAS.
(1).-Paz, Octavio: La Democracia en América Latina; en: América Latina:
Desventuras de la Democracia. Prólogo y recopilación de Enrique Krauze. Pag.
17.
(2).-Capdevila, Néstor. El Concepto de Ideología. Buenos Aires: Nueva
Visión, 2006.
(3).-Carta de Engels a Mehring, citada en: Horkheimer,Max. La Función de las
Ideologías.Taurus.
(4).-Zisek, Slavoj.-Ideología: Un Mapa de la Cuestión. 1992. Pag. 76.
(5).-Zisek, Slavoj.-Ob. Cit. 1992. Pag. 42.
(6).-Paz, Octavio.-Ob. Cit. Pag. 31.
(7).-Paz, Octavio.-Ob. Cit. Pag. 17.
(8).-Paz, Octavio.- Ob. Cit. Pags. 23-24.
(9).-Paz , Octavio.-Ob. Cit. Pags. 26-27.
(10).-Paz, Octavio.-Ob. Cit. Pags. 31-32.
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