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La historia y la invalidez del argumento ideológico.(Tercera
parte).
Por: Prof.
José A. Arias.
Miami,
Febrero 8, 2011
El debate
puede ser abordado en cualquier terreno y siempre tendremos que concluir que
no sólo en los antecedentes o en la práctica más acendrada, los resultados
siempre fueron favorables a occidente. Las investigaciones científicas en el
campo de la medicina, la sociología, la psicología, la física –ver
desarrollo de la física cuántica y su influencia en el campo de las
investigaciones astronómicas-, la biología molecular, las matemáticas
aplicadas a esferas diversas del conocimiento humano, o las teorías más
recientes sobre el origen del universo –el Big Bang, los agujeros negros y
los estudios del británico Stephen Hawkins, expuestos en su libro “La Gran
Explosión”- no han venido a contribuir al predominio de la inteligencia
sobre el oscurantismo, desde el fondo de las cavernas ideológicas del siglo
XX, en donde jamás y por entero, nunca se hizo la luz. Lo que hoy tiene
ante sí la humanidad, no son los argumentos motivadas por estrafalarias
consignas creadas y alentadas por bloques de pseudopensadores; si no la
arquitectura de un mundo creado por intermedio de la influencia individual y
libertaria.
A muchos de
los ideólogos por excelencia, les gusta referirse al socorrido término
“correlación de fuerzas” y la aparente razón detrás de ello está respaldada
por la idea de que bajo los efectos de lo que denominan “explotación
capitalista” habrá de imponerse, en base al factor cuantitativo, la fuerza
de las “masas explotadas” –hay en esta idea cierto retorno a la raíz del
marxismo original- pero existe también un evidente error de interpretación
que ha desembocado en la procreación, en diferentes momentos de la historia,
de pseudolíderes que pretendiendo encarnar la voluntad popular, en todos los
casos se adueñaron del poder para tratar de usufructuarlo de manera
vitalicia (6).La única interpretación lógica –inclusive en lo que pueda
haber de filosófico en este argumento- es la que se inserta en el ambiente
sociopolítico democrático y propende a brindar al ser humano la posibilidad
de satisfacer sus propias necesidades usando para ello su propia experiencia
y conocimientos, de manera que pueda alcanzar la felicidad y, por su
intermedio, la libertad colectiva que se manifiesta en las naciones
independientes y prósperas. Sobre este último argumento, no sería del todo
inapropiado mencionar nombres como los de Ersnt Mandel, Herbert Marcuse,
Jean P. Sartre y Simone de Bouviere, que muy cercanos a la izquierda liberal
y, como en el caso de los dos primeros, neomarxistas; al menos teóricamente,
coinciden con esos postulados. La diatriba de “rigor ideológico”, queda para
los procaces aventureros de la palabra, meros creadores de consignas, cuyos
nombres solo se inscriben en la historia a consecuencia de su incapacidad.
Es necesario
que el hombre, aún confuso en algunas latitudes, salga del marasmo
ideológico que ineficaces y fracasados teóricos del marxismo amañado, han
tratado de imponerle. Baste, para ello, observar el declive y posterior
derrumbe de las teorías neomarxistas y socialistoides que se adueñaron de
las mentes de los jóvenes en las aulas universitarias de muchos países
latinoamericanos en las décadas de los años 60 y 70 (7). Hoy parece
ridículo, además de imposible, tratar de revalorizar tendencias que traten
de resucitar lo que la historia se ha encargado de superar y enterrar
definitivamente. Los países que pueden enfrentarse a sus dificultades y
salir airosos, son la antítesis del ideologismo desenfrenado aunque se
arribe a la misma conclusión por diferentes vías y estrategias, y el
denominador común es el triunfo de la libre empresa en lo económico y la
pluralidad política representada en la libertad individual y el respeto a
los derechos del ser humano. Queda al lector establecer la comparación, a
través de ejemplos que de seguro conocerá y cuyas evidencias son
irrefutables; cualquier otra respuesta pretendería evadir la luz del Sol.
Los gobiernos
dentro de la sociedad postmoderna, sólo deben limitarse a ser buenos
administradores, nunca a coartar las libertades individuales acerca de las
que tanto se habla bajo el apelativo de los derechos humanos. Prácticamente
por analogía, un gobierno que se respete a sí mismo, así como la soberanía
de quienes le han elegido, nunca podrá ser enemigo de la libertad individual
en el más estricto sentido del “yo” propiamente encarado en el plano de la
ciencia psicosocial. (8)Por ello, las conclusiones lógicas y casi pueriles a
las que puedo llegar, me han servido, en lo personal, para poder explicarme
y en consecuencia poder explicar a otros, porque estoy en el lado en que me
encuentro. Mi experiencia, multiplicada, y amplificada de forma tangible en
quienes tratan de entender la realidad y no negarla o justificarse amparados
en excusas baladíes, es lo que me permite ser en parte minúsculamente
aleatoria un usuario de la verdadera libertad, a la que estoy en la mejor
disposición de defender.
Tomado de >>> http://collagecubano.blogspot.com/
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