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LA CUBANOLOGIA EN
BOGA
Por: José A. Arias.
Uno de los resultados tangibles de la llamada “revolución cubana” ha sido,
sin dudas, el advenimiento de la experticia en diferentes medios no sólo
relacionados con las comunicaciones; sino también en los círculos que se
definen como académicos y en cuyos “think tanks” se agrupan no pocos
miembros de reconocido prestigio en el mundo de las ideas. No puede ser de
otra manera cuando se trata de explorar e investigar a cerca de un proceso
tan longevo; la curiosidad y la festinación se conjugan para promover los
argumentos mas variados.
La esencia del problema, que obliga a tratarlo de forma un tanto cáustica,
es que por momentos se evidencia que el nivel de seriedad que se antepone a
los diferentes enfoques se nos hace tan variable que parece transitarse de
lo sublime a lo ridículo. Quiere esto decir que la “cubanología” está en
ocasiones ausente del conocimiento de causa que debería prevalecer a la hora
de emitir un juicio que aspire a ser válido y, a contrapelo de la lógica mas
elemental, resulta mas loable y aceptada cuanto más superficial es.
Por supuesto que si nos atenemos de una manera contumazmente cartesiana y
usamos el método como único recurso –filosóficamente es así- los resultados
van a tener siempre un carácter preliminarmente concebido. El momento en que
se desata el avispero, hará que todos y bajo toda circunstancia se den a la
tarea de esbozar la misma temática y en consecuencia las conclusiones se
hagan fácilmente previsibles: el “embargo-bloqueo”es un argumento envejecido
e inoperante y, aunque no deba ser eliminado tendrá que revestirse de la
modernidad en sintonía con las cambiantes circunstancias.
La anterior es la alternativa más discutida. ¿Es sin embargo, la que la
lógica, la razón y el conocimiento de las circunstancias deberían imponer?.
A mi manera de pensar la respuesta es absolutamente negativa; y si hablamos
de razones históricas, como algunos alegan, tengo la impresión de que se
diluye la historia en una empírica y parcial relación de hechos. Quienes no
tienen la experiencia vívida de cualquier proceso y recepcionan la
información recopilándola a través de diferentes fuentes siempre corren el
riesgo de la falta de mesura, la parcialidad y el esbozo de un argumento
fútil y vano. En nuestro caso, al juzgar un proceso aún en desenvolvimiento,
habría que ser más incisivo.
Pero llegado el momento de ventilar las intrínsecas e insalvables
contradicciones del proceso cubano es donde la falta de entendimiento se
hace mas notable. Cuba es un país sujeto al inmovilismo y donde la falta de
una verdadera dialéctica –la hegeliana y no precisamente la marxista-nunca
ha dejado de ser el evidente anclaje del estado totalitario y vertical, que
si bien no se inaugura allí; si tiene matices muy peculiares relacionadas
con el elemento geopolítico que por arte de la sinrazón se trasmuta de
ventaja, en parte de un discurso obsesivamente negativo. Cuba se convierte,
en consonancia con los desvaríos de sus representantes en “faro de América
en su lucha contra el imperialismo yanqui” y deja de ser “la llave del
Golfo” que su envidiable posición geográfica debería depararle.
Cincuenta años de desculturización y anti-intelecto no pueden ofrecer
alternativas viables cuando se trata de encarar cambios, aún si solo nos
atenemos a la implicación genérica de la palabra. El atrincheramiento
ideológico –término este último de ralea antidemocrática per se- evidenciado
en la falta de un legado valedero por los que han estado y aún estan al
frente del país, la incapacidad manifiesta de resolver los problemas mas
acuciantes de la sociedad y el encarar la toma de todas las decisiones a
través de un poder piramidalmente estructurado y verticalmente estatuido,
impiden el diálogo y congelan de antemano las posibilidades de un posible
entendimiento. La semántica es diferente y exclusiva desde el punto de vista
de las tiranías; si no, ¿ a que vienen los retorcidos argumentos expuestos a
través, por ejemplo, de la llamada “batalla de ideas”, o el simplismo de
acusar a quienes se atrevan a discrepar de “diversificados ideológicos”?.
Sin dudas la respuesta está en el hecho de que diversificar la manera de
pensar y desdeñar las ideologías puede ser un pecado en ambientes donde la
persecución es un delirio.
¿Estamos entonces ante una situación insoluble?. Creo que por el momento si,
pero el tiempo histórico ahonda la crisis generacional que constituye la
única puerta de salida y a la larga hará inclusiva la posibilidad de
participación de sectores más amplios y variados, capaces de ir situando los
hechos en su verdadera perspectiva y acreditarles su valor justo y real. El
tiempo que ha de demorar este proceso, hoy no es predecible; la vinculación
de ingredientes disímiles impide emitir criterios al respecto sobre todo si
nos alejamos de los oráculos tremebundos y nos acercamos al cientificismo
que la seriedad de la historia nos impone.
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