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JUANES CANTARÁ POR LA
PAZ EN LA HABANA
Por: Ahmed Y. Martel.
netforcuba@yahoo.com
Miami Agosto 31, 2009.
Juanes cantará por la paz en
la Habana el próximo 20 de septiembre. El hecho de “Cantar por la paz” envía
sin dudas un mensaje hermoso y henchido de pureza. Cantar, al menos lo creo
así, es una expresión artística a través de la cual ponemos en nuestra voz
letra y melodía para incidir de la manera deseada en el público que nos
escucha. Y si el cantar es por la paz como aquí se nos informa, la intención
debería ser aún más elevada y altruista, lo que nos permitiría contagiarnos
de gozo y complacencia. Sin embargo, con el próximo concierto de Juanes en
la Habana, ha ocurrido todo lo contrario. Cantar por la paz se ha convertido
en motivo de diferencias y disgustos entre aquellos que lo apoyan y los que
se oponen a él. Es precisamente este tipo de opiniones y sentimientos
encontrados, los que desde ya sacuden la esencia misma del supuesto
propósito para el que fue concebido. Y a pesar de múltiples argumentos tanto
de un lado como del otro, sus organizadores han optado por seguir adelante
con sus preparativos; para llevarlo a cabo a cualquier precio y por encima
de quien sea.
De acuerdo con nuestro sentido común, creo que todos coincidimos en que el
arte es universal y no debe mezclarse con la política. La intención del
concierto es loable: cantar por la paz. Este es un argumento válido visto
desde la óptica de una persona que no ha vivido en Cuba. Pero como el
concierto se va a dirigir a los cubanos, y para sorpresa de muchos es
precisamente el cubano quién más ha manifestado su inconformidad sobre el
mismo, nos obliga a hacer una corta reflexión. En el orden de prioridades,
el ser humano necesita satisfacer ciertas necesidades antes de pensar en un
concierto, necesidades tan básicas como la libertad de pensar, hablar y
opinar, acceso a la libre información como la prensa, la literatura, la
música y el Internet, el derecho a comprar la comida que necesite o la ropa
que desee, libertad de escoger el tipo de educación que desee para sí o para
sus hijos, la libertad económica de establecer un negocio y contratar el
personal necesario para ello, libertad de asociación, de reunión y
movimiento, afiliarse a un partido político o movimiento cultural
independiente, libertad para protestar o exigir públicamente sus derechos,
el derecho a viajar libremente dentro y fuera del país, etc., etc.
Por inverosímil que parezca, si bien los que vivimos en democracia tenemos
cubierto este tipo de necesidades, los cubanos en la isla no, por una
sencilla razón. Durante los últimos 50 años, Cuba ha vivido bajo una
dictadura totalitaria donde la economía, las fuerzas armadas, los cuerpos
represivos, y los tres poderes políticos que rigen los destinos de cualquier
Estado como son el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, pertenecen por
entero al gobierno de la nación. Esto ha permitido a la dictadura gobernar
omnímodamente, amparada bajo una Constitución que imprime cuerpo a ese
estado de cosas desde el punto de vista “constitucional”. A esto agréguese
la ausencia de partidos políticos, la inexistencia de elecciones
presidenciales, el adoctrinamiento político e ideológico y el terror de la
represión impuesta a todos los niveles de la sociedad.
Estimado lector o lectora, cierre por un momento sus ojos y visualícese a
usted y a su familia viviendo esta realidad no un día, no un año, ni tan
siquiera cinco, sino 50 largos años sin poderse quejar, sin poder gritar a
pecho en voz el dolor que le lacera. Imagine que si lo hace, sería enviado a
la cárcel sin clemencia, porque el código penal establecido, así lo
estipula. Triste, ¿verdad? (El más reciente atropello fue sin dudas el caso
de Juan Carlos González Marcos, más conocido por todos como “Pánfilo”, quién
apareció a través del lente de una cámara en el canal de videos
www.youtube.com exclamando a viva voz: “…hace falta comida que hay tremenda
hambre, te lo está diciendo Pánfilo en Cuba, ¡comida!...”. Por este tipo de
acción, sería arrestado y sentenciado a 2 años en prisión.) Es espantoso y
al mismo tiempo inadmisible que ese derecho natural que Dios le dio, el
derecho a desahogarse cuando sienta ese deseo legítimo en su alma, también
le haya sido arrebatado en nombre de la “ley”.
Sinceramente y volviendo al tema que nos ocupa, una vez sentado esto,
detengámonos sobre lo siguiente: ¿Concierto por la paz? ¿Puede acaso un
concierto como este abogar por la paz de un pueblo que lo único que pide a
gritos es libertad, libertad y libertad? ¿No resulta más lógico pensar que
detrás de la supuesta intención de sus organizadores, la dictadura como
responsable de esta tragedia y el señor Juanes como ficha servil en manos de
la misma, está la de entretener por unas cuantas horas a una población
sometida para que no piense ni tome conciencia de su realidad? Creo que aquí
no debe perderse la perspectiva de ese mayoritario sector del cubano que no
apoya dicho concierto, en el que me incluyo yo. No es el hecho que no
deseemos el entretenimiento del pueblo cubano, al contrario, lo que no
necesitamos es que el foco de atención continúe desvirtuándose en otro
concierto añadido a la larga lista de los ya organizados convenientemente
por el Régimen, mientras casi 12 millones de cubanos en la isla continúan
extinguiendo una interminable condena que ya supera los 50 años de encierro,
sumidos en la más absoluta pobreza y sin ningún tipo de garantías y de
respeto a sus derechos.
Por un momento, una preocupación me asalta
súbitamente a la mente: ¿Es acaso esta la manera correcta de tratar a una
persona en alta mar, cuando sus gruesas y pesadas cadenas estén suspendidas
de sus pantorrillas arrastrándole inevitablemente hacia el fondo del océano
y en lugar de ayudarle con los medios para zafarse de ellas y pueda salvar
su vida, nos limitemos a cantarle para que “la pase bien y se entretenga”
mientras se le deja morir en “paz”? Sería abominable e insultante, ¿verdad?
Aquí de lo que se trata, e insisto, es que volquemos todas las energías en
lo que debe constituir nuestra primera prioridad como seres humanos,
juntarnos y actuar todos, pero no para satisfacer los deseos megalómanos de
ese verdugo que encadenó a su víctima en medio del océano, sino ayudar a esa
víctima para que pueda romper sus cadenas, y vuele con alas propias hacia la
libertad, ¿se puede entender?
Para aquellas personas que piensen en la buena voluntad del régimen
castrista en todo esto, se hace necesaria una aclaración. Para que un
concierto pueda ofrecerse con el consentimiento y apoyo de las autoridades
cubanas, los organizadores o artistas implicados necesitan cumplir con
ciertos requerimientos políticos entre los que podemos citar: el haber
demostrado una actitud favorable al régimen comunista a través de los años,
no haber asumido posiciones públicas donde se cuestione la integridad de su
sistema de gobierno y tanto menos de sus acciones, y haber hecho oídos
sordos al dolor y sufrimiento del pueblo cubano al optar por la complicidad
solapada del silencio.
Si alguien tiene alguna duda sobre ello, le invito a
repasar un poco de historia. ¿Por qué a Celia Cruz le fue negado el permiso
de cantar en Cuba por el gobierno cubano? ¿Sabía usted que la propia Celia
solicitó su entrada a Cuba para ver a su madre antes de morir y el régimen
comunista le negó ese permiso? ¿Por qué el mismo régimen que hoy organiza un
evento cultural en Cuba con artistas internacionales, jamás le permitió a un Willy Chirino o a una Olga Guillot cantarle al pueblo de Cuba siendo ellos
cubanos? ¿Por qué tampoco le permitió a un Gorki Águila, también cubano,
cantante de rock contestatario y residente entonces en la isla, cantar a su
público dentro de Cuba con cobertura oficial? ¿Dónde quedaron entonces las
voces de aquellos que hoy acusan al cubano de intransigente y censurador,
porque se opone al concierto de Juanes en la Habana? A usted le dejo esta
vez las respuestas.
El régimen comunista ha censurado siempre a quien lo denuncia, no importa si
es cantante, escritor, actor, pintor o artista. En la Constitución vigente
de la República de Cuba, capítulo V denominado "Educación y Cultura", el
artículo 39 especifica lo siguiente: "es libre la creación artística siempre
que su contenido no sea contrario a la Revolución." Y como para el Régimen
el arte y la cultura sólo es posible percibirlos a través del lente de la
política, la lista de artistas censurados por la mal llamada “revolución
cubana” es enorme e imposible de ignorar. Juanes lo sabe, como lo sabe
también cada uno de los que han decidido participar en su concierto. Por eso
han optado siempre por callar e ignorar el calvario del pueblo cubano. Y es
precisamente esta indolencia acumulada por años, la que hoy les ha permitido
ganar los méritos necesarios ante el régimen opresor para que este les
organice un mega concierto en la propia Habana, en abierto desafío al dolor
y a lo que podamos sentir los cubanos.
Y como si la insensibilidad y la burla no fueran suficientes, el lugar
escogido para celebrarlo es precisamente la Plaza de la Revolución, desde
donde el dictador cubano Fidel Castro sentaría las bases de lo que pronto se
convertiría en una de las dictaduras totalitarias más férreas y nefastas que
haya conocido la historia, convirtiendo este lugar en un fatídico santuario
de odio, de dolor y de muerte para todos los cubanos.
Y es que esa Plaza señor Juanes, sirvió de plataforma gestora a cientos de
paredones de fusilamientos. Como resultado, miles y miles de personas fueron
fusiladas sin juicios ni garantías procesales (www.memorialcubano.org).
Desde su tribuna, se destiló odio y veneno contra aquellos cubanos que se
opusieran al naciente régimen, se estimuló la destrucción de lazos
familiares sobre todo hijos contra padres y viceversa por motivos políticos,
se atacó a la iglesia, a Dios y a los religiosos, se informó a la población
sobre el establecimiento y desarrollo de importantes cuerpos represivos que
por los próximos 50 años, servirían para controlar, espiar, reprimir,
neutralizar, denunciar e infundir terror dentro de la población de manera
sistemática tales como: MININT, MINFAR, CDR, FMC, CTC, PCC, UJC, UPC, etc.,
se incitó y alentó a los levantamientos guerrilleros en América Latina que
tanta sangre derramarían en nuestros países latinoamericanos tales como: las
F.A.R.C. en Colombia, el F.S.L.N. en Nicaragua, el F.M.L.N. de El Salvador,
el M.R.T.A. en el Perú y otros, con el propósito de derrocar a sus
respectivos gobiernos democráticos.
Y como mismo aconteciera con las artes y
la cultura, la música en manos del gobierno cubano, ha servido de
instrumento para exportar su ideología a las grandes masas y adoctrinarlas a
su conveniencia. En ese sentido, son múltiples los conciertos favorables a
la dictadura orquestados en ella a través de su historia que lo prueba y lo
demuestra. Además de todo esto, esta Plaza está rodeada de múltiples
elementos que la relacionan todavía más con la dictadura comunista. A sus
espaldas podemos hallar la sede del Comité Central del Partido Comunista de
Cuba, el Ministerio del Interior al frente con la figura del asesino
argentino Ernesto “Che” Guevara, y la sede del Ministerio de las Fuerzas
Armadas a un costado de la misma.
Ya casi le llega su turno señor Juanes, está usted a punto de estrenar el
santuario del dolor de los cubanos. Lo compartirá con dos personajes
singulares, frenéticos defensores de la dictadura, Silvio Rodríguez y Amaury
Pérez Vidal, quienes además de firmar una carta en apoyo a la muerte por
fusilamiento de tres seres humanos que fueron capturados mientras huían de
la isla, llevan orgullosos en sus conciencias, el haber comprometido su
talento al proceso histórico que tanto daño le ha hecho a Cuba y a su
pueblo; y de una manera cobarde, hicieron hasta lo imposible por negar y
ocultar la perversidad de este régimen ante los ojos de la humanidad.
Señor Juanes, aquí le expuse algunos elementos sobre mi patria a considerar
para que los tenga presente en sus días futuros. Después de todo, usted es
un afortunado, no solo tiene derecho al don más preciado que no conocen los
cubanos dentro de Cuba, la libertad, también goza del beneficio único de la
elección, de manera que su conciencia permanezca siempre tranquila y cada
noche al acostarse, pueda dormir en paz. ¡Ah! y a propósito de “acostarse”,
ojalá y no se deje arrastrar como decíamos en Cuba “por los cantos de
sirena”, y se vaya a ver forzado a dedicarle la estrofa de una de sus
canciones a su nuevo “socio cultural”: la dictadura comunista cubana. He
aquí su letra:
"Tengo la camisa negra
porque negra tengo el alma,
yo por ti perdí la calma
y casi pierdo hasta mi cama”
¿Vale?
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