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EL SIGLER DE TRAJE Y CORBATA Y EL
SIGLER DE LAS PIEDRAS.
Por: María del Carmen Carro.
Yo conocí al Miguel Sigler de la “jaba de
piedras”. Aquel hombre alto, delgado, humilde, de melena encrespada había
viajado desde Matanzas a buscar a los hombres del MIOA encarcelados.
Indignado, me decía.-“María del Carmen sígueme que el MIOA va demostrar que
no tenemos miedo.” Ahí tienen a mis hermanos presos, aquí tengo una “jaba
con piedras” yo miraba la jaba y sabia que todos estaban decididos. Lo
confieso.- sentí miedo. Miguel estaba hablando muy en serio. Sentí miedo
porque todavía yo debía los hechos de Los Pasionistas y la Seguridad nunca
me devolvió mis equipos, estaba trabajando con la grabadora de mi colega
Fara Armenteros. Si Miguel salía yo tenía que seguirlo. Yo hacía periodismo
en las calles. Tratamos de persuadirlo. Miguel estaba decidido a “caerle a
piedra limpia”, a la Estación. Este matancero a pesar de todo se veía con
vida. Tenía brillo en los ojos, el brillo que da hacer Patria en el suelo
natal.
Estábamos rodeados por los hombres del
Departamento 21, de la Seguridad Cubana, los que permanecían alertas desde
el día anterior y mantenían controlado cada movimiento nuestro. Había
entrado uno de los frentes fríos mas fuerte de aquel año y nuestros hermanos
estaban, hambrientos y con las ropas destruidas por las golpizas. La Unidad
policial de Ave, Acosta y 10 de octubre era ya famosa para los defensores
de los derechos humanos. Guido y Ariel Sigler Amaya , acompañados por otros
hombres del MIOA( Movimiento Independiente Opción Alternativa), estaban
encarcelados junto a Oscar Elías Biscet y su grupo de activistas del Club de
Amigos de Derechos Humanos, y otros opositores dentro de ellos, Virgilio
Marante Guelmes , Orlando Zapata Tamayo y Raúl Arencibia , quien había
puesto su casa, ubicada en la 11na, Ave de Acosta, a disposición del medico
recién excarcelado. .-“a los de Matanzas les gusta probar fuerza”.- gritaba
uno de los oficiales de la Seguridad, al tiempo que Ariel le respondía- “ de
aquí no nos vamos a retirar” . Ariel y Guido se acostaron en la calle. A
Ariel lo arrastraron de un extremo a otro de la calle. Y le causan un gran
hematoma , De igual forma atropellaron a Guido, a quien lo golpean
fuertemente por el estómago y le aplican una llave cuando trata de recoger
sus espejuelos Por otra parte, esposan a Biscet y a Zapata Tamayo quien
gritaba fuertemente .-¡Vivan los derechos humanos!. ¡Asesinos!. (a
estos hombres solo por la fuerza pudieron apartarlos de su decisión de
ejecutar la acción de impartir la primera clase de desobediencia civil del
Club de Amigos de Derechos Humanos.
A los hombres los arrastraron y los
condujeron a la fuerza hacia los patrulleros. (estas declaraciones la
hicieron a esta reportera personas del pueblo y activistas que después
fueron ex-carcelados).
Al salir Oscar Elías Biscet de la prisión de
“Cuba Sí” ofreció una Conferencia en la pequeña salita de su madre, ubicada
en la calle Armas en Lawton. Allí compartí impresiones con Ariel y Guido
acerca del Movimiento Opción Alternativa. Ariel un muchacho alto, atlético
intercambiaba también impresiones sobre la Oposición, Aquel físicamente era
otro Ariel. Un joven muy fuerte, de buena apariencia. Estos hombres eran muy
necesarios para desarrollar la desobediencia civil en Matanzas. Por el
Oriente estaban Juan Carlos Herrera Acosta y Néstor Rodríguez Lovaina,
también el invidente Juan Carlos Leiva. Por las provincias occidentales el
grupo de los Zajharov trabajaba muy fuerte.
Los hombres de la desobediencia sabían cómo
hacer las demostraciones en las calles. Los Sigler habían alcanzado mucha
experiencia. Un grupo muy fuerte. A la cabeza Gloria Sigler Amaya. La madre
apoyando a sus hijos. Hable con ella en varias oportunidades y siempre la
misma fortaleza.
Ahora
estoy ante el Miguel Sigler de traje y corbata, que es igual al Sigler de
la “jaba de piedras”. No hay diferencias y si hay diferencias. Como aquel
del 7 de diciembre de 2002, está decidido a defender a sus hermanos presos.
Es la misma voz firme y solidaria Con traje y con corbata, diciéndole al
mundo. “Mi hermano se muere, los presos políticos están enfermos y
condenados injustamente. Ya no hay “jaba de piedras”, pero sí hay un corazón
con fortaleza de piedra para seguir adelante desde este destierro, que le
impuso la tiranía castrista. Ya no hay crespos en su pelo, su sonrisa está
apagada. Ya no está Gloria Amaya. Ella también condenada a no depositar su
último beso a los que les dio la vida, pero su voz le sigue diciendo a
Miguel desde el cielo.
“Tus hermanos están presos.”
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