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EL RELEVO GENERACIONAL:
LA BATALLA MAS DIFICIL DEL CASTRISMO
Por: José A. Arias.
A los que somos historiadores
de oficio, nos resulta impracticable el ejercicio de una crónica más afín
con el estilo periodístico. Comúnmente solemos establecer relaciones que nos
permitan explicar diafanamente los argumentos que sirvan de base a nuestra
tesis.
Pienso que en el momento actual el enemigo principal del castrismo son sus
propias figuras representativas y la empecinada manera en que tratan de
hacer valer el ejercicio de su criterio acerca de cómo mantener el gobierno
de la Isla. Simple y sucintamente manifestada, esa pudiera ser la idea que
da contenido a éste trabajo.
Vendría al caso exponer algunos argumentos de carácter histórico antes de
arribar a la conclusión final. Junto al envejecimiento cronológico de los
que aún detentan el poder en Cuba, también se ha producido el de las
generaciones que fueron testigo de su advenimiento al poder. Algunos fueron
sus simpatizantes, otros no tanto y los menos; visionarios, fueron desde
siempre sus opositores. De lo que nadie puede desentenderse es del paso de
los años.
Desde luego que en condiciones normales, digamos las de países que han
vivido en democracia, el vínculo entre gobierno y pueblo se da a otro nivel
muy diferente de comunicación, implícita en la relación entre gobernantes y
gobernados. No es casual que donde el ejercicio de la tiranía hubo de
arraigarse, e independientemente de su signo político, se haya producido un
hiato notable entre las formas de ejercer el poder y los efectos entre los
receptores de ese ejercicio.
La evidencia mas notable del siglo XX tomó cuerpo en el establecimiento del
bloque soviético tras haber finalizado la segunda guerra mundial. Un grupo
de países con una tradición histórica más o menos trascendente, amén de
diferentes niveles de desarrollo económico y cultural, metidos en el saco
del sovietismo estalinista. El resultado; un desbordamiento de insuperables
contradicciones incapaces de acerar los pies de un gigante que siempre
fueron de barro.
No es mi objetivo hacer la crónica en detalle de una conocida catástrofe
filosófico-política de uno de los fracasados “ismos” del pasado siglo. Se
trata de poner en contexto la vida de un pequeño país que aún hoy sigue
padeciendo los efectos de la turbulencia del fracasado sistema socialista.
También de cierto modo, de alertar -si aún esto es posible- a los que se
empeñan en vivir de espaldas a la Historia.
En la receta del fracaso no es dable dejar de lado los efectos de tiranías
de derecha que sin desentenderse de los mecanismos de producción basados en
las relaciones capitalistas, no dejaron de anquilosar a sus pueblos poniendo
freno a su desarrollo mediante el uso del corsé político de las ideologías.
Debe entonces quedar claro que las bitácoras impuestas y basadas en el
desconocimiento absoluto de los intereses de las mayorías han sido, son y
serán un argumento para el fracaso.
Resulta obvio que si aplicamos la referida receta al caso cubano,
encontraremos todos los ingredientes de uno de los desaguisados mas
indiscutibles de la historia reciente de América Latina. Un concepto de
“democracia socialista” aun muy lejano de ciertos casos vinculados al
proceso vivido en algunos de los países del extinto bloque de Europa
oriental; un gobierno unilateralmente ejercido durante medio siglo por la
misma persona, el absoluto irrespeto a los derechos humanos, la falta de
información y comunicación con el mundo exterior y la existencia de un
demagógico procedimiento que agota sus recursos y se desarma frente al paso
del tiempo.
Frente a semejantes evidencias tenemos hoy una situación cambiante. Todo lo
que tiene que ver con la acción de los extemporáneos gobernantes es, en el
mejor de los casos, agua que se vierte en una canasta; en el peor para los
que pretenden perpetuarse, la antítesis de sus propósitos. A la tiranía y
quienes la ejercen se les teme, no se les respeta, se les lee pero no se les
entiende, los jerarcas pretenden gobernar al país como si fuera un predio
militarizado, pero se olvidan que como espetó Martí a Gómez en conocida
cita, no se funda una república como se manda un campamento.
Que gran dolor de cabeza para los ejecutores de la centralización este Mundo
moderno lleno de avatares tecnológicos que le amargan la vida a los tiranos.
Por eso se declaran enemigos del Internet y el desarrollo de las
comunicaciones y cuando las incapturables señales de la comunicación les
impiden el bloqueo mental de los que padecen su despotismo, suelen ponerse
furiosos. De no ser así, ¿Por qué la aplicación de un decreto contra el uso
de Internet por parte de cubanos en los hoteles en los que este servicio se
brinda a extranjeros?
Ahora evidencian una marcada inquietud por el auge del fenómeno “blog”.
Quieren, como de costumbre convertir a Yoani Sánchez y su “Generación Y” en
un instrumento financiado por el enemigo y al servicio de éste. Las
“reflexiones” del “compañero” han comenzado a publicarse en un nuevo blog de
“cubaencuentro” además de la página web, de esa entidad, donde ya aparecían.
Estaría por verse si las opiniones contrarias (que sólo serían leídas en el
exterior) serán mostradas. Es predecible que la soberbia del autor, lo hará
imposible. Volveremos a ver, sin embargo, las innumerables “muestras de
apoyo” a lo injustificable. Amplificados fantasmas en la red se convertirán
en voceros del culto al pasado.
Me resulta obligada necesidad expresar que el fenómeno generacional, aunque
de vital importancia al interior de Cuba, también tiene acción y evidencia
entre los que nos declaramos opositores a ese régimen. Debemos y tenemos que
entender nuestro papel, cuya importancia radica en la comprensión que
tengamos de la singularidad de las circunstancias que hoy convierten al
gobierno cubano en su principal enemigo. Si pensamos que acaparar el
predominio protagónico en las actuales circunstancias es lo adecuado, no
haríamos otra cosa que desplazar el centro de la actividad principal del
neurálgico vórtice de la problemática situación a que se enfrenta la
gerontocrática camarilla que desgobierna al país. A buen entendedor, pocas
palabras bastan.
Tenemos que influir, educar, hacer partícipes a todos de nuestra experiencia
de vida; pero a la vez dejar que quienes entienden el presente basado en el
diapasón de su propia experiencia, sigan pulsando para someter al castrismo
a la batalla mas difícil a la que ha tenido que enfrentarse. Eso, sin
pretensiones, sería apostar por el futuro.
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