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Miami, 24 de enero de 2009
"Quien desee patria segura, que la conquiste.
Quien no la conquiste, viva a látigo y destierro,
oteado como las fieras, echado de un país a otro,
encubriendo con la sonrisa limosnera,
ante el desdén de los hombres libres,
la muerte del alma."
José Martí
"¡A Cuba!" Patria, 27 de enero de 1894
Eduardo Arocena y la burla del Presidente George W. Bush
Por Ahmed Y. Martel
La decisión del saliente Presidente George W. Bush de ignorar la petición
por humanidad de 50 organizaciones exiliadas cubanas, decenas de firmas de
ex prisioneros políticos cubanos y más de 60,000 peticiones enviadas por
nuestra comunidad a su atención (cifra suministrada por la oficina de
Perdones Presidenciales) a beneficio del Indulto Presidencial para nuestro
compatriota Eduardo Arocena, es una burla mayúscula a una comunidad que como
la nuestra, siempre lo apoyó y defendió aún en las peores circunstancias.
A esta burla sin precedentes, se unió la indiferencia mostrada por cubanos
que por su fácil acceso al Presidente, pudieron haber intercedido a favor de
este pedido humanitario y optaron por no hacerlo. Allá ellos y sus
conciencias, pues no hay dudas de que esa cómoda posición, contribuyó a la
prolongación indefinida del cautiverio de un hombre, cuyos ideales a favor
de una Cuba libre, yo abrazo y abrazaré siempre. Eduardo Arocena, para
deshonra de todos los cubanos libres, lleva más de 25 años en cárceles de
Estados Unidos.
Esta petición humanitaria desarrollada por nuestra comunidad y de la cual
fui signatario, no buscaba justificar los procedimientos empleados por
Arocena a principio de los ’80 en su empeño de combatir, a través de métodos
violentos, a testaferros de la tiranía castrista en esta gran nación. A
pesar de que tanto a Arocena, como a la mayoría de nosotros nos sobran
razones para luchar por el derrocamiento de una tiranía que ha fusilado,
asesinado, desaparecido y propiciado la muerte en el mar de decenas de miles
de cubanos; encarcelado, aterrorizado, separado y oprimido a millones de
familias y destruido moral y materialmente a nuestro país, y de que hemos
empleado métodos de lucha diferentes en nuestro ideal compartido por la
libertad de la patria, Eduardo Arocena, ha pagado con creces ese “error” de
procedimiento y ha cumplido más de 25 años de su vida en una prisión
federal. Si demasiado es el tiempo tras las rejas para un hombre de su
estirpe, más triste y lamentable es la indolencia y abandono mostrados por
muchos de sus hermanos de lucha. El sólo hecho de ignorar una petición
humanitaria a beneficio de un ser humano en desgracia tan solo porque se
discrepe de sus estrategias o se juzgue el modo de conducirlas, socava lo
más profundo de nuestra esencia como ser humano y para mí es y será siempre
inaceptable.
Por todo lo anterior, renuevo mi compromiso personal con la familia Arocena,
de continuar trabajando y haciendo todo lo que esté a mi alcance, para
lograr su indulto de la presente administración, y exhorto a todos mis
compatriotas y amigos a que se sumen al esfuerzo. No importa cuantas veces
tropecemos, nuestro sentido humanitario y cubano, deberán prevalecer siempre.
Abandonar a este hombre en sus actuales circunstancias es un espantoso
crimen. No lo hagas hermano, Eduardo Arocena es, ante todo, un ser humano y
te necesita.
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