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De todas formas Juan te llamas.
Por: Ing.
Dionisio de la Torre, JR
Miami, Enero 14, 2011.
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Recordamos hace unos meses que algunas organizaciones cubanas en el exilio
casi entraron en un delirio cuando se produjo la salida rápida del Sr.
Zelaya de la presidencia en Honduras. Pudimos ver que hasta el “Ejercito
Cubano en el Exilio” ofreció sus servicios para defender a los que habían
expulsado del poder a un posible dictador, así lo creo yo también, pero no
había necesidad de exagerar tanto.
La comunidad exiliada de cubanos se motorizá como si el gobierno de los
Castro hubiese colapsado, se hicieron colectas de dinero, ropas,
medicamentos, representantes de organizaciones exiliadas viajaron a
Honduras, ofreciendo solidaridad y ayuda, podíamos escuchar en la radio los
llamados a cooperar con el hermano pueblo hondureño que injustamente lo han
separado de la OEA y cuanto grupo internacional existe, por lo tanto la
ayuda que recibe Hondura ha sido suspendida, muchos hablaban de las
necesidades que ellos habían visto: la falta de hospitales, medicamentos,
alimentos, etc., etc., etc. Parecía que por obra de Chávez, los Castros,
Ortega, Evo y la comunidad internacional las necesidades del pueblo
hondureño habían surgido en horas después de la salida de Zelaya y no la
terrible realidad de años de descuido por parte de todos los gobiernos
anteriores.
En esos momento, yo participé y cooperé en la solidaridad con los hondureños
que mostraron una decisión firme de no dejarse pasar gato por liebre, pero
siempre estuve seguro y así lo expresé públicamente, que yo pensaba que la
situación de Honduras era solamente “un pleito entre viejos políticos,
millonarios y blancos”. Muchos me criticaron y hasta ofendieron, pero el
tiempo me ha dado la razón, pues conociendo la historia de nuestra América y
la tradición política, lamentablemente el desplazo de Zelaya solo fue una
respuesta de algunos políticos que vieron con la propuesta de Zelaya la
pérdida de sus posibilidades de estar en el poder de alguna forma y no ellos
o sus sus elegidos como ha ocurrido siempre.
Algunas organizaciones cubanas enviaron delegados a inspeccionar las
elecciones en Honduras. Se gastaron miles de dólares en esa tarea que
legalmente no tenía validés alguna, pues ¿qué organismo internacional los
avaló? Pero el esfuerzo es válido y sincero, creo yo, lo que sucede es lo de
siempre, es que nos quedamos en la cerca y colgados, muchos estaban seguros
que apoyando a los políticos hondureños que se habían vuelto contra Zelaya y
sus mentores (léase Chávez y comparsa) el apoyo a la liberación de Cuba
estaba asegurado. Otros vieron la gran posibilidad comercial que se les
abría y así lo tomaron. El tiempo demostró que “del Lobo ni un pelo”, pero
no quiero hablar de eso. Creo que hubiera sido más útil a la causa contra la
tiranía castrista, que al menos la mitad de lo que se gastaron los cubanos
del exilio en Honduras, se hubiese utilizado en ayudar a la oposición
interna cubana.
Ahora vemos como desde el mismo lugar de antes surge nuevamente la misma
idea que se combatió tanto. Se trae por los pelos el mismo caso que dio
lugar al exilio forzado de Zelaya y créanme que estoy seguro que Zelaya y
sus amigos todos son culpables de gran parte de las necesidades del pueblo
hondureño, sé que Zelaya es un vulgar ladrón y descarado, que ha amasado su
riqueza con el sudor de otro y con el beneplácito de otros muchos que hoy
desde el mismo gobierno hondureño quieren hacer lo mismo. ¡El poder,
deliciosa miel que todos quieren libar!
Muchos cubanos que se tiraron de barrigas para defender la causa del pueblo
hondureño, hicieron campaña por el Sr. Lobo, que movieron cielo y tierra en
apoyar esta solución, que si es cierto es mejor que lo que los comunistas
querían, pero que al final los cubanos nos quedamos nuevamente solos y sin
ayuda. Cuando el Sr. Lobo vino a Miami ni una palabra de solidaridad surgió
de sus labios, ni siquiera una muestra que ofreciera la mínima solidaridad,
que decir de ayudarnos, ni siquiera políticamente para defendernos de los
Castros o ayudarnos a luchar.
Hoy el Sr. Zelaya, rico, bandido de alta clase, dispuesto a vender el alma
al diablo para tener el poder, puede gritar al mundo que él tenía razón, que
su pueblo tenía el derecho de decidir si se puede reelegir o no el
presidente, que lo que le hicieron a él no es legal. Al fin sucede lo que
tenía que suceder, no importa los muertos, ni el hambre de un pueblo, de
todas formas, Juan te llamas.
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