
CUBA Y EL DESTINO DE TODOS LOS
CUBANOS.
Por. Prof. Jose Arias.
Miami, Abril 5, 2010.
A trece años
de su llegada a Estados Unidos en 1980, Carlos Victoria –escritor cubano ya
fallecido- escribió “Hay algo en mi interior que responde a la palabra Cuba
como no responde a ninguna otra palabra. Debo confesar que a veces he
querido desaparecer para no tener que volver a escucharla, pero a la larga
termino buscando a los que la pronuncian. La misma relación angustiosa de
atracción y rechazo, de odio y cariño, de pasión e impotencia, se mantiene
aún…”. Cuanta verdad hay en su declaración, hoy más que nunca.
He escuchado
recientemente muchos argumentos imprevisibles hace algún tiempo, sobre
cuestiones que provocaban en mi viejas dudas. Casi siempre y por razones
vinculadas a la causa y el efecto todo lo que es óbice de la sospecha se
materializa en una realidad negativa. Un conocido cantante y compositor,
popular entre los cubanos de la Isla y fuera de ella, ha dicho que debieron
ser muy poderosas las razones para separarlo de sus olores, colores y
sabores. El que así se expresaba vive hoy entre nosotros, exiliado, y es
evidencia de una frustración no descartable.
Otra, muy
famosa por cierto, con todos los recursos imaginables a su disposición y
tras haberse proyectado como una figura de talla mundial, se lamenta de no
haber podido cantar a su pueblo en su país natal y, que en cualquier confín
del Planeta añora la patria que no tiene y de la que por oscuros designios
fue desposeída.
¿Cómo explicar
que situaciones así ocurran?. Hemos transitado entre siglos y de un milenio
a otro; en el transcurso muchas vivencias han motivado a los hombres a
quebrantar barreras, sobreponerse a los obstáculos y fincarse en su propia
condición para ser mejores y dejar atrás los atavismos vinculados a las
ideologías, el fanatismo y la ortodoxia proclive a lo estático y lo
maniqueíco.
Otras
vicisitudes, por desgracia, materializan aún el desgarrador ambiente de
retroceso que se vive en países como el mío y que es el mismo de los
populares intérpretes a que me refería. ¿En virtud de qué presupuesto se
puede defender la demagogia y el tautológico silogismo de una doctrina
fracasada?
Un argumento
que viciado de origen resulta falso, puede persistir mientras su efecto no
se manifieste como algo negativo; cuando esto sucede la mentira se hace
evidente y al tratar de justificarla se convierte en un crimen. La Historia
recoge muchos casos, pero ella misma se ha encargado de evidenciarlos y
depurarlos por intermedio de su principal ejecutor: los pueblos.
Si aplicamos
la lógica intrínseca del planteamiento anterior al caso cubano es posible
entender lo que hoy está sucediendo. La mentira se ha convertido en crimen
de lesa aplicación para divorciar, inclusive, la “justicia” al más puro
estilo stalinista de la realidad cotidiana y seguir soportándola como
vendible y rentable recurso de propaganda antiimperialista.
Llegado ese
momento, afloran entonces las bajas pasiones, las crudas realidades que han
servido de telón de fondo a una mentira incapaz de sostenerse por más tiempo
y cuyos gestores carecen de posibilidades para poder refrendarla. La
revolución como falsedad original pierde su capacidad de evolucionar y deja
sin validez la propuesta del juglar que en su fuero interno se sabe también
estafado. ¿Acaso no fue también reprendido y llamado a capitular cuando
exhibía otros bríos que cambió por ventajas para sumarse a los estafadores
de su pueblo?
Para los que
siempre sospechamos, el tiempo –la verdadera historia- y los efectos reales
de una causa equivocada, nos han dado la razón. Muy a pesar de las
evidencias, se sigue tratando de desplazar la razón del conflicto a una
temática de influencia externa en virtud de la cual es necesario producir el
motivo del atrincheramiento ideológico, pero elementos de nueva cuenta
debilitan el último reducto de la falsedad y en su fortalecida argumentación
se erigen en una variante inversamente proporcional a la maledicencia y la
falacia.
Hace treinta
años que ocurrieron los sucesos de la Embajada del Perú y el éxodo del
Mariel; parece que fue en ese momento del proceso revolucionario impuesto a
los cubanos donde comenzaron a invertirse los términos de la ecuación. Ahora
el deterioro es tal que ya no es posible culpar a nadie: la absoluta
responsabilidad la tienen los alabarderos del cinismo y la represión sin
cuento, que ante la evidenciada desnudez moral de una ideología
indefendible, no le queda otra alternativa que exhibir el garrote para
tratar de validar por medio de la fuerza lo que se hace injustificable a
través de la razón.
Todo va
cambiando y para los que hemos vivido como testigos de excepción, entre dos
siglos y entramos de un milenio a otro de la mano del desarrollo vertiginoso
de las ideas, la ciencia y la técnica debe ser cierto que la condición
insular de nuestro país es solo una condición geográfica y no la razón de su
aislamiento por intermedio de la imposición de un procedimiento aletargante
y mortífero, consecuencia del empecinamiento banal de un grupúsculo que no
es la nación y mucho menos la patria.
Todo lo que
está allí ha estado siempre y continuará siendo una evidencia material y
testimonial cuando el futuro y la historia se encarguen de ponerlo todo en
su sitio. Habrá, como es de suponer, héroes; los otros habrán sido verdugos
cuyos nombres se harán impronunciables y por la veleidad de sus acciones
malsanas, olvidados. Para muchos, el recuerdo de una pesadilla sufrida a
contrapelo, será el asidero más importante para dejar que la libertad se
haga nuestra y no nos abandone. En consecuencia no tendremos más cubanos sin
patria y dejaremos de ser “un país diferente”. De lo anterior no tengo duda
alguna.
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