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Estimados Amigos:
Intuyo que existe un tedio que el desánimo provoca a consecuencia de la
inercia que caracteriza la situación actual de nuestro país. Y es que nunca
ha sido diferente, más sin embargo no podemos prescindir de dar, al menos,
una opinión. La huelga de hambre de Fariñas continúa -ya en los ochenta y
tantos días- y sigue vivo; el último juicio que le escuché de viva voz es
que él mismo constituye la evidencia de que lo cometido contra Zapata
Tamayo, fue un crimen ya que de haberse seguido el mismo procedimiento
aplicado a su caso aún estaría entre nosotros. Por desgracia para Zapata, el
muerto lo puso él, se formó el avispero y el resultado, amén de la campaña
internacional de descrédito no tiene sin embargo, al interior del país,
ningún resultado positivo.
El otro hecho sobre el que muchos hicieron notar su asombro, relacionado con
la supuesta espontaneidad de la repulsa a las Damas de Blanco por parte de
la población "enardecida y militantemente revolucionaria y combativa" es la
palmaria evidencia del cinismo del régimen que cuando comenzó a pensar la
nueva estrategia a la que ahora enfoca su objetivo, hizo desaparecer a las
turbas de quienes le sirven, hace mucho tiempo, como tropa de choque.
Es evidente que lo importante para los jerarcas cubanos es continuar ganando
tiempo que les permita la continuidad en el ejercicio del poder que no
quieren abandonar. Cuando Fariñas y las Damas han empezado a ejercer una
presión sentida por las esferas de poder hay que buscar una salida, que sin
embargo, no tiene precedentes: dialogar de manera "novedosa y positiva"
-palabras del Cardenal Ortega- con la Iglesia Católica. Hace sólo unos días
un brillante analista de la situación cubana apuntaba que desde el punto de
vista de la jerarquía política representada por los hermanos Castro y ante
una situación de emergencia, como sin dudas lo es la actual; el único
interlocutor válido para este inefable binomio es la Iglesia, cuyo poder
dimana de una entidad divina en el mismo sentido que de la revolución,
intangible ente cuasi divino en lo político; provienen los poderes con los
que se han conculcado por los siglos de los siglos las libertades a los
fieles revolucionarios que ahora son llamados a la concordia con los fieles
al poder de la Iglesia, que si bien en Cuba se mezcla con otras prácticas
mas espurias, no resulta del todo deleznable.
Por supuesto que el diálogo con Fariñas, las Damas o en un sentido más
amplio, la disidencia, es imposible; mencionarles implica cierto
reconocimiento, paro hasta donde sé, aún se les sigue mencionando como
"enemigos y lacayos a sueldo del imperialismo yanqui" reforzar esta idea a
través de una mención falaz, tendenciosa, apócrifa y cínica cabe dentro de
los objetivos que siempre se han perseguido; esa puede ser, sin dudas, una
buena razón para el tedio y la desesperanza: cosecha permanente que siempre
se quiere conseguir.
¿Qué pasará entonces?Veamos: El flamante General Presidente, reunido con el
Cardenal concertará la excarcelación de algunos presos, probablemente los
que se huyen en condiciones más precarias de salud, y al nivel de "entidades
divinas" llevarán a cabo un gesto "profundamente humanitario" y demostrativo
de una "alta sensibilidad" ante los requerimientos de la opinión pública
internacional; así las cosas quedarán neutralizados Fariñas y las Damas, el
uno ya no tendría motivos para seguir en huelga de hambre, las otras
quedarían diezmadas cuando tengan a sus maladados deudos a su lado y se
dediquen a cuidarles para salvarles -no dudo que en esta coyuntura hasta
consigan el apoyo de las autoridades, que con la muerte al doblar de la
esquina nadie suele rechazar ayuda y ellos lo saben.
En el argumento de mi citado analista hubo también un planteamiento muy
válido en el que sin embargo, no se enfatizó lo suficiente: la Iglesia
Católica Cubana enfrenta una situación difícil y sin precedentes en esta
media centuria de castrismo. Desde las arremetidas contra el Cardenal
Arteaga, la diáspora forzosa de la curia en el Covadonga, el estado de sitio
a los colegios católicos durante los meses posteriores a la promulgación de
la Ley de Nacionalización de la Enseñanza y el sinfín de acontecimientos
encaminados a reducir el poder de la Iglesia romana en el país, incluida la
propia presencia del actual Cardenal Ortega Alamino en los campos de la UMAP;
nunca los Castro habían echado mano a semejante recurso para solventar una
crisis. Muchos creen que es un síntoma de debilidad; puede ser, pero no
tengo dudas que detrás se esconde la maniobra.
La peor parte en esta última crisis del gobierno es el descalabro de imagen
aún entre sus propios seguidores y en el ámbito internacional, según opino,
por ahí van los truenos y, aunque el mal sea irreversible en gran medida, la
petición a la Iglesia consistirá en hacer que se convierta en abanderada de
una campaña en favor de la restitución del prestigio "injustamente maculado
por servidores del imperio y de causas ajenas a los puros y valederos
objetivos de la revolución dentro y fuera del país". No me extrañaría en lo
absoluto ver a este mismo Cardenal que conoció el descrédito por intermedio
de la acción directa de sus carceleros de antaño; pidiendo perdón no
precisamente para ellos, sino más bien para los que osaron poner en duda la
"buena voluntad que los embarga".
Llegado el momento, empezará el coro de las "buenas y dóciles ovejitas que
comulgan bajo la fe del flamante socialismo del siglo XXI" que poco o nada
han dicho hasta el momento para no echar leña al fuego del "Dios
revolucionario" llamado Fidel y así poder encontrar asidero al arranque de
la campaña para lavarle la cara al castrismo a nivel internacional.
Casi un saínete a la más clásica usanza de la "Política Cómica", en la que
se satirizaba al presidente Zayas cuando con una mano en el bolsillo de su
gabán y la otra levantada con el índice apuntando a Palacio se subtitulaba
la caricatura escribiendo: "lo que me robé allí lo tengo aquí", refiriéndose
al bolsillo. Todo quedará en casa; para la población sin voz ni voto,
bombardeada masivamente de una propaganda falaz y tendenciosa los trapos
sucios seguirán empercudidos y los jerarcas de uno y otro bando se
bendecirán nuevamente desde sus respectivos Olimpo, mientras alguien, una
vez más repetirá en evidente muestra de cubana socarronería y parsimoniosa
frustración aquello de: "el muerto al hoyo y el vivo al pollo". Sin olvidar,
por cierto, que éste último viene de "La Yuma".
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