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A Propósito de las
realidades inexplicables.
Por: Prof. José
A. Arias.
Miami, Octubre 2, 2010.
Desde hace tiempo las circunstancias prevalecientes en Cuba, dan pié a
comentarios más o menos serios sobre una problemática que no parece tener
término. Ahora, cuando el tiempo es cada vez más un factor de consideración
insoslayable; suelen ser más certeros los vaticinios que algunos se
encargaron de enunciar. En el aspecto económico exhaustivamente analizado
por economistas estudiosos de la cuestión como Carmelo Mesa Lago, profesor
de la Universidad de Pittsburgh, se advertían entre otros el deterioro que
venía sufriendo la industria azucarera que, siendo la más importante del
país, acusa hoy un proceso de desintegración que se grafica en la propuesta
desaparición de la entidad encargada de su control y desarrollo: el
Ministerio de la Industria Azucarera. Se habla de la creación de una empresa
en sociedad con Brasil para tratar de salvar lo que queda de la planta
productora en el ámbito agroindustrial.
No se trata de hacer leña del árbol caído, como algunos defensores a priori
trataran de hacer ver, más bien de una realidad enajenante en un país que
fue la azucarera del mundo. Inclusive, en pleno auge de los disparates
económicos llevados a cabo por el castrismo, la llamada zafra de los diez
millones que solo quedó en algo más de siete y que no está registrada como
la mayor en la historia de ese rubro en la Isla, hizo que todos los recursos
de la nación se pusieran en función de un objetivo que no se alcanzó
haciendo que los elementos puestos en función de lograrlo se perdieran en
medio del arrebato ideológico característico de la malhadada intentona.
Bajo los férreos esquemas de la producción planificada, impregnados de una
alta dosis de sovietismo, se pensó en otras alternativas como la minería y
el supuesto desarrollo de la metalurgia, luego el turismo y ahora algo a lo
que no encuentro una mejor manera de definir que no sea la de” buhonerismo
medieval”. De fracaso en fracaso, algo que venía sucediendo desde el
comienzo mismo del proceso, lo único tangible es el encuentro con una
realidad que se hace innegable e inocultable; primero porque el sistema
socialista de producción planificada “desde arriba”, acudiendo al control
absoluto por parte del estado de los medios de producción es en esencia
ineficaz y, la conversión en tesis de este argumento, sobrevino con el
derrumbe del bloque de países socialistas encabezado por la Unión Soviética;
nación creada por decreto –el de las nacionalidades de 1920- y cuya política
económica, la N.E.P (Nueva Política Económica) puesta en práctica a partir
de 1921, hundió al país en el marasmo de la colectivización que a la larga
fue también un fracaso.
Si como se sabe, los argumentos que sirvieron de base al socialismo marxista
creaban una nación que se convirtió en gigante con pies de barro y que solo
a consecuencia de la guerra contra el nazi-fascismo pudo crear esferas de
influencia más allá de sus fronteras; fueron los cauces para aplicar un
modelo en el territorio de un país pequeño y mono productor como Cuba, los
augurios nunca fueron buenos. La historia posterior se ha encargado de
demostrarlo. Aún en el caso de dar crédito a la idea de la influencia del
“bloqueo” al que otros por razones adyacentes llaman embargo, las causas del
fracaso tienen carácter raigal y eminentemente nacional, rotundamente
demostrables en ambos casos.
El análisis que hago y que no pretende ser un agotador cúmulo de cifras,
datos estadísticos o enumeración de hechos corroborativos de la actual
debacle está, por el contrario, encaminado a explicar las características
del callejón sin salida en que se halla hoy Cuba. Aplicando la lógica más
elemental habría que llegar a la conclusión de que el carácter inmediato de
los factores que gravitan sobre la economía cubana, a saber, falta de
recursos económicos y materiales, inmovilismo político, destrucción de la
planta productiva, ya de por sí muy anticuada y desgastada, mal uso de
recursos utilizados en función de la propaganda populista, a la que en su
momento se le hizo aparecer como evidencia del llamado internacionalismo, y,
sobre todo, el ejercicio piramidal y totalitario del poder a contrapelo de
objetivos lógicos y potencialmente alcanzables; han sido las causas reales
de la situación actual.
Pongamos por caso que siendo Cuba un país que bajo su actual liderazgo
alegaba ser refractario a las crisis del mundo capitalista y ofrecía datos,
no corroborables en su gran mayoría, sobre índices de desempleo basados en
el subempleo, algo común a países de similar estructura económica y política
o que en función de alcanzar quiméricos objetivos improbables llevó a cabo
disparatadas propuestas como aquella de la “construcción paralela del
socialismo y el comunismo” en “planes pilotos” pretendidamente expandibles y
que a la larga nunca tuvieron lugar; pudieran comenzar a entenderse las
razones del descalabro. Si a ello sumamos la dilapidación de recursos
monetarios en empresas de dudosos resultados, como las guerras llevadas a
cabo fuera del país; ¿a quién se debería culpar por el fracaso? Al menos
para mí la respuesta es evidente y según creo ya viene siendo del mismo modo
para muchos, incluidos los reos de “mea culpa”, los desaparecidos de la
escena, muchos compañeros de viaje, y los que aún se aferran a no aceptar
las evidencias.
Entre aquella propuesta de “ofensiva revolucionaria” de 1968 que terminó de
hundir al país en el marasmo de la improductividad, dejando de lado el
reconocimiento del factor de creatividad que a pesar de todo supervivía y
las actuales propuestas estatales de “desarrollismo a la inversa”, medió un
período de oscuridad total durante el cual solo es posible hablar de
fracasos. Si la demagogia más absoluta no fuera la razón de semejante
evidencia ¿por qué hablar entonces ahora de medio millón de desempleados,
con la perspectiva mediata de sobrepasar el millón?, ¿por qué acusar al
sector activo y productivo del país de no querer trabajar? No conozco ningún
caso de semejante aberración, en que la población propenda a contribuir a su
propio malestar. Países como China y Vietnam en los que sigue vigente el
modelo político socialista han creado las condiciones para desarrollar el
capitalismo de estado a fin de regir su actividad económica,
desentendiéndose de tabúes absurdos y encarando los tiempos a partir de
reformas sin cuento que incluyen una relación abierta y franca con sus
antiguos enemigos. Esa es la causa fundamental de la situación ventajosa que
con respecto a su pasado hoy pueden exhibir.
Muy diferente, sin embargo, es la proposición del estado cubano para paliar
su propia crisis acudiendo al recurso que ya definí como “buhonerismo
medieval”. En la Cuba del 2010 tras la ambivalencia vivida entre el trueque,
la “bolsa negra”, el robo de recursos, la corrupción, el favoritismo y la
inercia; se propone ahora, salir de los muros del feudo y comenzar a
desenvolver una actividad pre capitalista que no tiene sentido, fuertemente
gravada por el estado parasitario e improductivo que ha demostrado su
absoluta incapacidad para resolver cualquier problema por elemental que sea.
Sé que los argumentos de salud y educación, que siempre están a la mano,
podrán ser nuevamente esgrimidos; a ellos responde de forma muy objetiva el
planteamiento de que una persona saludable y culta, lo que no siempre es así,
fuera de ello, no tiene proyecto de vida, ni alternativas en medio de un
régimen que ahoga la libertad en medio de consignas. Las generaciones
actuales, por demás, se encargan de demostrar que el pretendido “hombre
nuevo” no fue otra cosa que una entelequia creada a partir del terror y la
imposición de una especie de collage ideológico; al respecto pudiera
sugerirse preguntarle a los jóvenes en el llamado “movimiento underground” o
a los catorce mil participantes en el Festival de “La Rotilla” durante el
pasado mes de Agosto en Playa Jibacoa.
Hay algo que a pesar de todo me preocupa. La respuesta no parece ser sino
otra cosa que el desentendimiento y la alienación y a través de la expresión
de un concepto de libertad vinculado a esos factores por intermedio de los
cuales se pretende encontrar una respuesta. Lo planteado, frente al
hostigamiento ideológico y la tenaz y sempiterna represión, contribuyen a
desvincular el contenido democrático del argumento central de la cuestión.
Sin dudas, el tránsito al entendimiento pasa por creer que la libertad es
prioritariamente el ejercicio de la voluntad personal bajo cualquier
circunstancia y, aunque hay mucho de cierto en esta proposición, también
incluye el contenido volitivo de la personalidad en función de su alcance,
junto a la existencia de una disciplina social autoimpuesta, no superpuesta
ni colectiva, lo cual es tautológico y distorsionante.
Ya en anteriores ocasiones he abundado en al aspecto generacional como
argumento de vital importancia en la solución del problema. Ahora lo recalco
una vez más. Habría que agregar que en nuestro caso, los autores directos y
materiales del fracaso, están aún sobre la escena; no habrán de abandonarla
voluntariamente, ello es parte del no reconocimiento del fracaso que en caso
contrario sería algo así como un alevoso y colectivo suicidio político que
no es dable esperar. El tiempo por venir, con su insoslayable magnitud,
tendrá entonces la última palabra.
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